Determinar el ganador de los 100 metros valla es sencillo. El primero que llega, aunque sea por fracciones de segundo, gana. Y ahí esta la foto finish por si hay dudas. Es pura física, milímetros, centésimas, y ahí tenemos al ganador objetivo.

Determinar el ganador de un concurso fotográfico es un proceso mas subjetivo, difícil de compartir, determinado por el Punctum de Roland Barthes, esa indescriptible atracción que se genera entre una imagen estática y una persona en particular. Tratar de desgranar algo tan inefable solo nos llevaría a malgastar palabras en forma de dialéctica académica, al estilo de un comisario artístico.

Hay factores evidentes que todos podemos compartir; encuadre, temática, tratamiento plástico, riesgo que toma el autor al realizar su foto o el nivel de complicidad con lo retratado. Todos esos atributos los reunían las imágenes finalistas. Todas eran fotos correctas, buenas imágenes. Sin embargo, en el momento en que se le pide a una persona ajena a las fotografías, que realice un juicio de valor sobre ellas, eligiendo una como ganadora, no estamos eligiendo la mejor foto, simplemente estamos apuntando la que nos remueve algo en nuestro interior, la que nos activa el punctum.

Como jurado me quedo con las ganas de saber más sobre los fotógrafos, ver más imágenes suyas, saber cuanto tiempo llevan fotografiando, cuantas veces lo han dejado todo para irse a algún rincón lejano a fotografiar algo que les pueda hacer trascender como seres humanos, para luego compartirlo con los demás. En este caso era irrelevante, solo premiábamos una imagen, sin más. Pues bien, esa es la que me quedo.

Os agradezco a los organizadores que invertías en actividades como esta, que al final son las que ayudan y mantienen vivas las ganas de irse con la cámara al hombro a por otra batalla perdida. Espero que al ganador el premio le sirva para escapar una vez más.