La erupción volcánica es una emisión de materia sólida, gaseosa o líquida expulsada por la corteza terrestre y proveniente de un volcán.

Dado que el volcán da salida a magma y otros residuos derivados, las erupciones volcánicas producen una acumulación de este tipo de materiales en las inmediaciones de los cráteres.

Existen alrededor de 1.300 volcanes activos en todo el Mundo que generan cerca de 50 erupciones anuales de diversa magnitud, en función de la presión del volcán, tendrá un mayor o menor grado de violencia en la emisión de materiales.

Podemos distinguir distintas erupciones teniendo en cuenta si la presión del magma del volcán se libera con o sin explosión, esto da lugar, respectivamente, a una erupción efusiva (se expulsa menor cantidad de lava) o a una erupción explosiva, originada por una mayor presión que provoca la fragmentación violenta del magma.

Por tanto, las erupciones volcánicas son un evidente peligro para las regiones cercanas, por el riesgo de avalanchas de ceniza, lava y gases; y corrimientos de tierra, provocados por la mezcla de estos elementos con agua de lluvia, ríos, lagos o nieve. Es tan fuerte la presión con la que salen estos materiales, que pueden saltar despedidos por el aire, alcanzando algunas partículas hasta los 20km/hora, y en cuanto a las cenizas, pudiendo propagarse  cientos de kilómetros alrededor, dañando techos, drenajes y estructuras.

En general, los daños provocados por las erupciones volcánicas pueden ir de leves a graves, en función de la presión con la que se liberan los materiales, pudiendo destruir ciudades enteras y destrozar cosechas y bosques. Las erupciones volcánicas arrasan todo a su paso y provocan  una lenta recuperación de las tierras, sin embargo la densidad de minerales en la composición de la ceniza, puede enriquecer los terrenos como forma de abono, pudiendo incluso transformar en fértiles terrenos baldíos.

La fertilidad que poseen las tierras de origen volcánico es en realidad el único aspecto positivo de los volcanes y sus erupciones, puesto que por la altitud y el clima del que gozan, facilitan esta característica.

Los Volcanes no sólo tienen grandes efectos sociales por su poder de devastación, también suponen un grave riesgo para la salud: la ceniza volcánica ataca de forma directa al aparato respiratorio, piel y ojos, causando enfermedades relacionadas como conjuntivitis, asma, dermatitis y sinusitis, entre otros.

De esta forma, las personas que habitan las cercanías de los volcanes se encuentran inmersas en un trío de pobreza y peligro, su sustento depende de las laderas de los volcanes, pero los riesgos de erupción amenazan constantemente sus escasas propiedades y suponen una exposición continua a las enfermedades relacionadas.

Nuestra labor y nuestra principal capacidad es la de movilizar recursos de forma rápida y eficiente en cuanto surge una crisis o una emergencia social. Pero solos no podemos lograrlo.

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