Los hombres que no querían violar

De acuerdo con un estudio de Naciones Unidas el motivo más común de violencia contra las mujeres son los ideales de virilidad que justifican y celebran la dureza, el sometimiento sexual y la dominación de los hombres sobre las mujeres. Actitudes de violencia machista que comienzan bien temprano como, por ejemplo, en Asia, donde la mitad de los hombres que han cometido violaciones confiesan haberlas cometido por primera vez cuando eran adolescentes. Actitudes de violencia que son transmitidas de generación en generación. Y a las que hay que poner fin.

“Pongamos más esfuerzos en educar a nuestros hijos a no violar y no tanto en educar a nuestras hijas a defenderse”.

El hombre no es violento por naturaleza, pero desde el nacimiento crece en una cultura machista donde se le juzga por su fuerza y se le imponen actitudes violentas que debe respetar y repetir. Al igual que las mujeres se enfrentan a estas actitudes violentas que las sitúan en una posición de inferioridad, los hombres tienen que aprender a reconocer y cambiar en sí mismos los comportamientos que reproducen conductas machistas.

El rol del hombre como agente de cambio

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El género no es cosa de mujeres. Los hombres también tienen género, un género que igualmente necesita ser decodificado y desmenuzado para ser nuevamente reinterpretado en códigos de igualdad y libertad. Hasta que no logremos crear relaciones equitativas entre hombres y mujeres no conseguiremos vivir en sociedades justas, sostenibles e igualitarias. Sin la participación de los hombres no habrá Igualdad de Género.

En InspirAction desde la perspectiva de la construcción de paz y la igualdad de género trabajamos para cuestionar las estructuras patriarcales de nuestras sociedades y reconstruirlas junto a los hombres desde la igualdad. Un trabajo que realizamos en diferentes países y ámbitos. En Zambia, por ejemplo, hemos apoyado la campaña “Me preocupo por ella” a través de la cual hombres y chicos reciben capacitación sobre los derechos de las mujeres y las apoyan para defenderlos. Un proceso en el que deben participar tanto hombres como mujeres. En Nicaragua, la cultura del machismo forma parte de la vida diaria pero está también vinculada a las pandillas, las agresiones callejeras y la violencia doméstica. A través de nuestra contraparte CEPREV somos una de las pocas organizaciones trabajando con hombres vinculados a pandillas con el objetivo de cuestionar la cultura patriarcal y el rol actual del hombre.

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#DemasiadasViolencias es nuestra llamada a denunciar todas las estructuras machista que mantienen a la mujer en desigualdad de poder en todos los aspectos de su vida: personal, social, económico y político. Desde un análisis intersectorial queremos contribuir al cuestionamiento de los sistemas que nos mantienen en desigualdad y a la propuesta de sociedades libres y equitativas. ¿Quieres participar?

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