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República Dominicana: Cultivar un futuro


Amparo define la pobreza como una falta de oportunidad para mejorar su vida. Tiene 8 hijos pero solo tiene dinero para que 2 de ellos puedan ir a la escuela. Ella sabe que esta situación condicionará el futuro de los otros 6 y por eso decidió unirse a la asociación de productores de su comunidad.

“Nos juntamos para cultivar fruta de la pasión y ganar más dinero pero no sabíamos cómo y casi no teníamos cosecha”

Desde InspirAction, a través de nuestra contraparte Solidaridad Fronteriza, empezamos a trabajar con la asociación de Amparo. Impartimos varios cursos de formación sobre agroecología enseñándoles qué productos eran mejores en la zona, cómo cultivar para aumentar la producción sin dañar la tierra y qué fertilizantes ecológicos podían ser mejores para ellos.

“Ahora somos 17 en la asociación y repartimos entre nosotros todos los beneficios que tenemos. Alguna vez, no solo hemos conseguido ahorrar si no que además hemos podido dar dinero a alguna familia que lo necesitaba para ir al médico” cuenta Amparo con orgullo y felicidad.

Amparo dice que para ella la pobreza no es una frustración “Si eres pobre no puedes simplemente quedarte sentado y frustrarte, tienes que intentarlo de la forma en la que puedas”.

Los niveles de pobreza en República Dominicana son muy altos. Se considera que más del 41% de la población vive en pobreza y más del 20% en extrema pobreza. Y mientras la desigualdad crece cada día, los presupuestos se destinan a favorecer a las clases más ricas en vez a los más pobres.

Desde InspirAction y a través de nuestra contraparte Solidaridad Fronteriza trabajamos con las comunidades más pobres para que puedan mejorar su formación y su calidad de vida. Con formación sobre agricultura sostenible muchas comunidades como la de Amparo han mejorado su calidad de vida a través de un trabajo que no solo dignifica sus vidas si no que además les ayuda a prevenir los efectos del Cambio climático.

Para Aquilino “la tierra no tiene precio”. Conoce cómo este proyecto ha ayudado también a mejorar la vida de la comunidad de Aquilino y a valorar un recurso tan precioso como la tierra.

Además no dejes de leer la historia de Marismeña, una haitiana que tras perder a sus cinco hijos tuvo que marcharse a República Dominicana donde solo a través de su huerto ecológico pudo volver a sonreir.

Foto: Susan Barry © InspirAction 


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