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Pobreza en El Caribe


Los niveles de pobreza e injusticia que caracteriza la vida de la gran mayoría de la población del Caribe siguen siendo ignorados por aquellos que eligen esta región como destino de sus vacaciones.

Trabajamos en Jamaica, Haití y la República Dominicana, ayudando a los millones de personas que sobreviven con grandes dificultades.

En Spanish Town, Jamaica, las piscinas son normalmente un privilegio de los turistas con dinero. Pero nosotros nos hemos unido a Children First para exigir los derechos humanos de los más jóvenes que de otra forma se encontrarían excluidos de la sociedad. Facilitándoles el acceso a una educación básica así como a actividades extraescolares que les ayudan a lograr un desarrollo completo.

La República Dominicana ha vivido un auge del turismo en los últimos años, pero la mayor parte de este desarrollo se concentra en zonas turísticas aisladas. A pesar del impresionante crecimiento económico del país, la vida apenas ha mejorado para los más desfavorecidos. Nuestras contrapartes están trabajando para asegurarse de que esta riqueza beneficia a todo el mundo.

Haití acostumbraba a producir suficiente comida para toda su población, pero después de abrir sus mercados al libre comercio, el país ha pasado a depender de las importaciones. Nuestras contrapartes están ayudando a criadores de vacuno como Emanuel a conservar sus negocios, recomendándoles que creen cooperativas para poder compartir los costes de producción y mantener unos precios competitivos.

Haití y la República Dominicana comparten la isla de La Española. Durante décadas, los haitianos pobres han cruzado la frontera para trabajar. A pesar de la importante contribución que hacen a la economía de la República Dominicana, sufren un extendido racismo. Nuestras contrapartes trabajan a ambos lados de la frontera para evitar violaciones de los derechos humanos, como los robos y las palizas.

Las bateyas son un tipo de asentamiento que se encuentra habitualmente en las plantaciones de caña de azúcar de la República Dominicana. Sus habitantes, como el joven de la fotografía, son principalmente inmigrantes haitianos y sus descendientes. Dado que a menudo el gobierno les ignora, sus condiciones de vida pueden ser terribles. Nuestras contrapartes ayudan a suministrar servicios sanitarios y educativos básicos, y luchan por los derechos de sus residentes.

Para mucha gente en Haití, su santero vudú es la primera persona a la que acuden cuando caen enfermos. Por eso es vital que estos líderes tradicionales comprendan y sepan actuar ante la epidemia del SIDA. Nuestras contrapartes llevan a cabo novedosos programas de concienciación sobre el VIH entre los líderes vudú, que ahora envían a centenares de personas a las clínicas convencionales para que puedan conseguir los cuidados y los medicamentos que necesitan. El suburbio de Bennetland en Kingston, Jamaica, es conocido por su pobreza y criminalidad. Después de trabajar en esta comunidad durante 18 años, S-corner, nuestra contraparte, ha conseguido ser un referente de confianza para mediar en las confrontaciones locales sin que se recurra a la violencia. S-corner también gestiona comedores para atender esta población como a Frederick, en la foto, y a otros habitantes de edad avanzada.

A menudo, en la República Dominicana se deniega la ciudadanía a los hijos de los inmigrantes haitianos. Sin una identificación formal, estos niños no existen oficialmente y frecuentemente se les impide acceder a las escuelas. En los colegios gestionados por One Respe, nuestra contraparte, los jóvenes no tienen que acreditar su identidad. Nuestras contrapartes también hacen campaña por sus derechos y ayudan a sus padres a solicitar los papeles oficiales.

La educación es la clave para que los niños de Spanish Town, Jamaica, tengan una oportunidad. Como Odane, de 14 años. Pero los gobiernos del Caribe difícilmente pueden invertir en escuelas cuando tienen las manos atadas por la deuda externa. Casi la mitad de la deuda de Haití fue contraída por dictadores corruptos y Jamaica debe demasiado como para poder pagarlo. Nuestras contrapartes presionan para cancelar estas deudas.

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Foto: Leah Gordon © InspirAction 


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