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Nicaragua: Machismo impregnado en la piel


A continuación relatamos el testimonio de Mayela, nuestra compañera en Nicaragua publicado originalmente en The Guardian Global Development:

“Como mujer joven - en la mayor parte de América Latina - es difícil caminar sola por la calle sin ser acosada por la forma de vestir, la forma de caminar o qué tan "sabrosa" te ves ese día.

El año pasado se aprobó en Nicaragua una ley que prohíbe la violencia contra la mujer, pero a pesar de que es un gran paso, aún estamos lejos de superar muchos de los retos que nos quedan tras su aprobación.

Por poner un ejemplo práctico, después de muchos años de no hacerlo, me decidí a ir caminando al trabajo de nuevo y así disfrutar de las soleadas y frescas mañanas de mi ciudad. De camino a la oficina hay una esquina donde los jóvenes se reúnen para vender el periódico a los carros que pasan, y cuando tengo que pasar por ahí, tengo que soportar comentarios “muy descriptivos” sobre mi cuerpo.

A pesar de que esta no era una nueva situación para mi, me di cuenta de que en los días en los que estaba un oficial de policía regulando el tráfico, los chicos se quedaban callados. Así que un día decidí acercarme al oficial y contárselo.

Después de mirarme de arriba a abajo, lo primero que preguntó fue: "¿Dónde está su marido? Usted debe decirle que venga aquí y los asuste para que no la molesten otra vez?". Y yo le dije: "¿Qué estás tratando de decirme? ¿Que tengo que tener un hombre a mi lado para poder caminar libremente por la calle? Pensé que las cosas iban a mejorar después de aprobada la ley ..." De inmediato se paró derecho y comenzó a recitar los artículos de la nueva ley.

Podríamos pensar que con la aprobación de una ley conseguimos el mayor grado de protección posible, pero no lo será si nos quedamos ahí y no tenemos en cuenta el trabajo de base necesario para hacer que la ley funcione.

Me sentí alentada por el silencio de los chicos ante la presencia del oficial y de que él conociera la ley. Sin embargo, su primera reacción fue una clara demostración de que por ahora la policía sólo solo ha aprendido la teoría - y la toma de conciencia aún está muy lejos todavía.

Cambiar toda una cultura establecida puede parecer un reto enorme, pero si promovemos iniciativas a nivel local, transmitidas boca en boca y hasta el centro más profundo de la sociedad – hasta la familia – entonces quizá rompamos estos oscuros patrones sociales.”

La desigualdad de género en América Latina sigue siendo muy preocupante. Aunque ha habido avances a nivel educativo y en el papel de las mujeres en política, es necesario un cambio en la actitud de la sociedad. El machismo, impregnado en la piel social, impide en muchos que la voluntad política y la aplicación de leyes tengan efectos reales.

Debemos acabar con la desigualdad de género y con la violencia hacia las mujeres. Y debemos hacerlo todos y todas. 

Foto: Tom Pilston © InspirAction