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Luchando contra la violencia en el Sur de Honduras


La desigualdad social, el tráfico y posesión de armas, el narcotráfico, las actividades del crimen organizados o las altísimas tasas de impunidad hacen que Honduras sea considerado como uno de los países más violentos del mundo desde hace años.

Imagen © CDH

Las poblaciones más vulnerables, como mujeres, jóvenes y personas de escasos recursos sufren de forma especialmente intensa los efectos de la violencia en el país. La lucha efectiva contra la violencia requiere un enfoque holístico, que permita atacar las causas estructurales de la misma. En este sentido, el Centro de Desarrollo Humano, con el apoyo de Christian Aid e InspirAction, realiza importantes esfuerzos para lograr hacer frente a la ola de violencia que padece el país.

Con este objetivo se está desarrollando un proyecto de prevención de la violencia en varios municipios de la región sur de Honduras. El enfoque de todo el trabajo se basa en el fortalecimiento de redes de mujeres y redes de jóvenes, que son capacitadas y organizadas para realizar acciones de incidencia frente a autoridades municipales y nacionales. Sus actividades tienen como objetivo exigir que se tomen medidas para reducir los altos índices de violencia imperantes.


Logros del proyecto: alternativas a la violencia entre la población juvenil

Los logros alcanzados por las redes juveniles son sorprendentes. En al menos 3 municipios en los que trabaja el proyecto, estas redes han logrado que se aprueben políticas públicas locales de diferente índole (prevención de la violencia, juventud) en la que se han establecido medidas para dar solución a algunos de los graves problemas que padece la juventud en la región.

Por ejemplo en Namasigüe se ha logrado que la alcaldía destine recursos a un centro para menores infractores de la ley, que finalmente se ha habilitado como casa de la juventud. En este centro incluso se dan clases para ser árbitro de fútbol, capacitando a jóvenes para el empleo al mismo tiempo que se promueven actividades saludables y alternativas. En la mayoría de los casos, también se ha apoyado el trabajo que realizan las redes con jóvenes con problemas de drogas, trata de personas, atención a migrantes retornados, promoción de forma de vida saludables y otras acciones.

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Marcos Isaac Ortiz es una prueba del éxito de este proyecto. Con 24 años este joven activo y alegre que transmite un gran entusiasmo se ha convertido en el actual coordinador de la Red de Juventud de Namasigüe. Isaac decidió formar parte de las redes de jóvenes tras constatar durante años como los derechos de la juventud son vulnerados constantemente, provocando que los jóvenes no sean escuchados ni participen en los procesos políticos de forma adecuada. En su niñez había sufrido situaciones difíciles en su hogar, ya que su padre era un hombre violento que le golpeaba a él, a su madre y a sus hermanos. Isaac afirma que desde que trabaja con las redes juveniles siente que ha logrado la superación personal: la discriminación que existen a su alrededor ya no le impiden su desarrollo autónomo. Además, ha logrado ayudar a otras personas: sus lágrimas se han convertido en pañuelo, y ahora se le identifica como líder para trabajar en diferentes ámbitos.

La ayuda entre mujeres : prevención y lucha contra la violencia

Por otro lado, el proyecto realiza una importante labor de fortalecimiento de varias redes de mujeres municipales. Estas redes, muchas de las cuales llevan trabajando más de 10 años, constituyen importantes espacios para luchar por la defensa de los derechos de las mujeres. La región sufre de altos niveles de machismo y tradicionalmente ha existido una cultura de la no denuncia de agresiones a mujeres, por lo que este tipo de espacios son fundamentales.

También se trabaja la prevención de violencia con la implementación diversas tareas, entre las que destaca el acompañamiento a mujeres sobrevivientes de violencia, indicándoles la ruta de la denuncia cuando sea necesario y dando seguimiento a los procesos que pudiesen abrirse. En palabras de una miembro de las redes se trata de promover procesos de “ayuda mutua entre mujeres”. También se realizan acciones de veeduría e incidencia en las autoridades municipales, que han desembocado en la aprobación de varias políticas municipales de género o en la asignación presupuestaria de diferentes partidas dirigidas a la prevención de la violencia contra las mujeres. Entre estas destaca el caso de Santa Ana de Yusguare, en la que el proceso de incidencia iniciado por la red de mujeres está a punto de desembocar en la inauguración de un centro integral de atención a la mujer.

La realización de marchas, caminatas o plantones se complementa con la participación en cabildos abiertos o la celebración de foros políticos y capacitaciones. Las redes que trabajan con el proyecto consideran fundamental capacitar a la población sin distinción de sexo sobre las problemáticas relacionadas con la violencia contras las mujeres, por lo que realizan frecuentemente réplicas en sus comunidades sobre los conocimientos adquiridos a través del proyecto.

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Un exponente de este trabajo lo constituye Armida Elisabeth Quiroz, actual primera vocal de la Red de Mujeres de El Triunfo. Esta mujer, que lleva ya casi 20 luchando por los derechos de las mujeres es una reconocida lideresa en su comunidad, en la que regenta un puesto en el mercado municipal. Las mujeres se dirigen a ella en busca de consejo y en muchas ocasiones le toca acompañarlas a presentar denuncias. Armida fue víctima de violencia a mano de su pareja sentimental, que la violentó “de todas las formas posibles”. Esta experiencia, unida a la fuerte cultura machista de Honduras y a sus ganas de ayudar a otras mujeres fue lo que la llevó a organizarse para la defensa de sus derechos. Según nos cuenta, ahora se siente una miembro valiosa de su comunidad y cree que a través de su trabajo y el de su red la vida de muchas mujeres ha cambiado.


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