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Guatemala: "¿Cómo alimento yo a mi niño?"

jueves, 20 de noviembre de 2014  Cooperación para el cambio Guatemala Africa Justicia Fiscal     Hambre, Infancia

Paula Plaza © InspirAction

Cuando los médicos te dan la noticia de que estás embarazada, además de la enhorabuena, te aconsejan una serie de hábitos cotidianos y alimenticios a cumplir para la buena salud de tu bebé. Rápidamente la mente de esos futuros padres se dirige hacia “qué nombre tendrá” o “qué ropa y cosas le compraremos”. Sin embargo, Irma Raimundo se enfrentó a otro dilema: “¿cómo alimento a mi niño?”

“Antes de quedarme embarazada yo era una persona desnutrida y durante el embarazo no pude comer bien. El médico me dijo que mi hija nacería con desnutrición crónica”. Su caso no es único en Guatemala, un país en el que la mitad de los niños menores de cinco años sufren desnutrición crónica.

Esta enfermedad les impide crecer y desarrollarse plenamente, tanto física como mentalmente, lo cual implica que sus oportunidades para llevar una vida adulta normal y mejorar sus expectativas económicas se reducen considerablemente. Es el círculo vicioso de la pobreza.

Irma Raimundo vive en la región septentrional de Chiquimula, la más pobre del país, hogar de los indígenas Chortí y donde la desnutrición infantil alcanza el 62%. En esta zona, el alimento básico es la tortilla de maíz, alimento bajo en proteína y vitaminas que es ampliamente consumido durante los meses de más hambruna (junio-septiembre).

InspirAction trabaja junto con Bethania, su contraparte en Guatemala, en proyectos para garantizar la seguridad alimentaria de las comunidades indígenas en Chiquimula. Estamos ayudando a las familias a crear sus propios huertos y a que utilicen semillas de cultivos autóctonos y de rápido crecimiento. Raimunda se muestra sonriente: “Gracias a ellos he aprendido a cultivar hierba mora, chipilín, tomates y rábanos con los que alimentar mejor a mi familia”.

Enseñarles a preparar los alimentos y la importancia de la higiene es fundamental para evitar infecciones y diarreas. Además, entre todos trabajan las tierras comunitarias para aumentar la reserva de grano: “Si nuestros cultivos no crecen, esta reserva ayuda a la gente a comprar a bajo precio y poder tener algo que comer”.

Dos años después de nacer su primera hija, Sandra, Raimunda volvió a quedarse embarazada. Las diferencias fueron notables. “Durante ese embarazo yo comí mucho mejor y afortunadamente, mi hija Ingrid nació siendo un bebé sano”. Ahora Sandra e Ingrid corretean por el campo. Discuten sobre cuáles son sus mascotas favoritas y, como otras embarazadas, sobre qué nombres ponerles. 

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