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Encarceladas en nombre del amor

miércoles, 10 de agosto de 2016  Cooperación para el cambio El Salvador Construyendo Paz
Mientras la violencia callejera aumenta en El Salvador, las chicas más jóvenes son las más perjudicadas

Desde el Centro de Reinserción Social Rosa Mujer, nuestra contraparte FESPAD trata de encontrar una salida al machismo y la violencia que encarcelan a cientos de jóvenes, casi niñas, en El Salvador.
Acurrucadas en un aula sórdida, un grupo de chicas charla en voz alta mientras el maestro Jorge Ramírez se prepara para comenzar la clase de poesía. Con el tiempo, la habitación sombría se silencia y Ramírez anuncia el tema de hoy -“el amor”- provocando risas desde el fondo de la clase.Podría parecer la típica escena de una escuela adolescente. Sin embargo la lección de hoy está lejos de ser normal.

Situado en el Centro de Reinserción Social Rosa Mujer, una prisión salvadoreña rodeada por altos muros de hormigón y alambre, nos encontramos en el lugar en el que muchas jóvenes de El Salvador quedan atrapadas durante años. Con frecuencia, en nombre del amor.

La elocuencia y amabilidad de Guadalupe sorprenden cuando habla. Tiene 18 años y cuenta cómo se enamoró de un miembro de las maras cuando tan solo tenía 15: "Cuando le conocí era realmente hermoso. Me ofreció todo y se hizo cargo de mi familia. Soñábamos juntos. Yo estaba enamorada ", narra con una sonrisa recordando su primer encuentro.

Por desgracia, la felicidad de Guadalupe no duró mucho. Su historia no es la única. Desde enero de 2015, el incremento de la violencia relacionada con las maras ha convertido este pequeño país centroamericano en la capital mundial del asesinato. En los tres primeros meses de 2016, las autoridades nacionales han registrado casi un asesinato por hora.El Estado argumenta que las dos bandas principales del país: el MS-13 y la Calle 18, están detrás del aumento de la violencia. Los pandilleros atestiguan que están defendiéndose de supuestas ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por la policía.

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Sea como sea, son las jóvenes alumnas de Ramírez - como Guadalupe – las que están pagando el precio más alto. Con edades comprendidas entre los 14 y los 24 años, estas jóvenes han sido las compañeras o familiares de algún miembro de una banda. La mayoría acaban en prisión por extorsión.

"Muchas se ven atrapadas en un ciclo de violencia desde su nacimiento. Viven en un contexto dominado por bandas, incluso aunque no estén directamente vinculadas a ellas. Si su madre o su padre están involucrados, de forma automática ellas lo están”. Cuenta Ramírez quien conoce a la perfección historias como las de Guadalupe "Los miembros de las bandas se acercan a las chicas para cortejarlas, como si estuvieran enamorados. Las niñas se sienten apoyadas. A menudo, más que por sus propias madres y padres”.

Pero tras el romance inicial, el sueño de Guadalupe pronto se convirtió en una pesadilla.
"Cuando formas parte de una banda tienes que distanciarte de tu familia. Si te opones a la banda no solo te dañarán a ti, sino también a tu familia", explica. "Lo lamenté tanto. Necesitaba mucho a mi madre, abrazar a mis hermanos y hermanas, a mi padre, pero solo quedábamos Dios y yo".

Cuando Guadalupe fue consciente del peligro que corría trató de huir."Lo único que pensé fue en salir corriendo. Pedí ayuda pero la gente me cerraba las puertas". Guadalupe cree que es el estigma social que rodea la afiliación a pandillas combinado con las altas tasas de desempleo juvenil -hasta el 26%-, es lo que mantiene a muchos jóvenes en las bandas. "Muchos tratan de salir, pero hay tanta discriminación… Para la sociedad dejan de ser Seres Humanos. Así que se hacen resentidos y odiosos. Se convierten en inconscientes. Comenten un error tras otro, pero ya no les importa” Presionada por la banda, Guadalupe empezó a extorsionar a empresas locales, amenazando a los propietarios de negocios si se negaban a pagar por su protección. Fue condenada a dos años y un mes de prisión.

Al preguntarle por su novio Guadalupe se queda callada. Poco después de que ella fuera encarcelada, él fue atrapado por una pandilla rival y fue asesinado. Mientras lo cuenta, se señala un tatuaje en su pie que marca octubre de 2014, la fecha de su asesinato. Según cuenta, es una tragedia que ocurre demasiado a menudo. "Tal y como son las cosas, hoy puedes que estés aquí pero mañana no. Te puede suceder algo en cualquier momento".

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De vuelta al aula, Ramírez habla de que el machismo - la dominación masculina dentro de la sociedad - en la cultura salvadoreña es responsable de esto. "Si una chica se enamora de un chico de una banda, en ese mismo momento renuncia a todo para siempre. Ella se convierte en su propiedad y pasa a formar parte del círculo de él. Y si trata de distanciarse no solo se expone a sí misma ante la banda rival sino ante los miembros de la misma banda. Está condenada de por vida a ese entorno".

En un intento de romper ese ciclo de violencia y opresión para las chicas, Ramírez se ha unido a FESPAD, contraparte de InspirAction para organizar un taller de poesía con el que quiere ofrecer a las chicas la oportunidad de entender sus derechos como mujeres y comenzar a procesar las experiencias difíciles por las que han tenido que pasar. Los talleres forman parte del programa de educación y formación del centro para impulsar las perspectivas de empleo de las chicas cuando salen de la cárcel. "Gracias a la poesía, he sido capaz de expresar lo que siento y acabar con mi tristeza. He decidido dejar todo atrás y empezar de nuevo.” Dice Guadalupe.

En la canalización de sus emociones a través de la poesía, ella tiene un mensaje para el Estado salvadoreño: "Quiero decirle a la gente que nos discrimina que deben familiarizarse con nosotros y permitir nuestra reinserción en la sociedad. Tal vez así es como podemos poner fin a toda esta violencia."

Pero aún queda mucho por hacer en una sociedad tan patriarcal como la salvadoreña. Y afirma Ramírez: “Algunas chicas dicen que seguirán estudiando cuando salgan de la cárcel. Otras, que tienen hijos, dicen que les dedicarán toda su vida. Pero la realidad es que cuando salgan, los líderes de las bandas estarán allí esperándolas con los brazos abiertos mientras la sociedad permanecerá cerrándoles las puertas”.

Este proyecto ha sido publicado originalmente por Amy Smith en New Internationalist.


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