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Desigualdad en República Dominicana: descendientes de haitianos


Estamos en República Dominicana, conocida en todo el mundo por sus resorts de lujo y sus playas paradisíacas. Pero en un abrir y cerrar de ojos pasamos de ver enormes centros comerciales a encontrarnos en un barrio marginal de las afueras de Santo Domingo. Así es República Dominicana, un país caribeño donde la desigualdad campa a sus anchas.

Los índices de pobreza son muy altos: más de un 40% de la población vive en la pobreza y el 21% está clasificada como “muy pobre”. Además, este porcentaje de dominicanos que vive en la pobreza recibe solo una quinta parte del Producto Interior Bruto del país, en oposición al 40% que recibe el 10% de habitantes más ricos. Podemos imaginarnos qué acceso tienen los marginados a servicios como la educación o la sanidad.

Nuestro trabajo en República Dominicana es precisamente disminuir esas diferencias económico-sociales y fortalecer los derechos de los que menos tienen.

Unos de los colectivos más discriminados en el país son los haitianos o descendientes de haitianos. Su voz apenas se escucha, tienen menos oportunidades que el resto de la población y serios problemas a la hora de hacer frente a cosas tan esenciales como buscar empleo.

Nuestras contrapartes presionan a las autoridades para que las leyes cambien y asesoran y acompañan a los descendientes de haitianos en la realización de trámites cotidianos y demás obstáculos del día a día.

Siriana Dolis, en la imagen, es miembro de nuestra contraparte Mudha. Esta organización cuenta con una larga trayectoria a sus espaldas en materia de protección de descendientes de haitianos en la sociedad dominicana. Se trata de una lucha larga y dura, pero los éxitos conseguidos les infunden ánimo. Acompañan a familias y les explican por qué están siendo discriminadas y qué pasos han de seguir para cambiar esa situación, como por ejemplo, obtener documentos legales que acrediten su identidad.

Siriana nos habla de su labor en Mudha: “El poder trae consigo la transformación. Los cambios que vemos han sido provocados por las propias comunidades y sus líderes. Por ejemplo, establecer un diálogo con el gobierno local  para que sean reconocidas dentro del propio municipio”.

Mira todo nuestro trabajo en República Dominicana

Susan Barry © InspirAction 


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