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Colombia: espezanzas y expectativas en los diálogos de paz


“En nuestro país, la violencia en habitual. Por eso es tan importante el apoyo internacional” declara Alejandro Guzmán, campesino colombiano que se ha visto obligado a abandonar su tierra demasiadas veces.

Cada vez que cultiva, Alejandro no sabe si podrá ver crecer sus plantas o recoger sus frutos. En el país con el mayor número de desplazados internos, posiblemente unos 5,2 millones, la historia de Alejandro es solo una entre millones.

En la última década, han surgido oleadas de desplazamientos sobre todo en las regiones más ricas en recursos naturales. Todos los grupos armados, incluido el ejército, los grupos paramilitares y la guerrilla, son lo que han arrancado y expulsado a la gente de su tierra.

Este conflicto, que dura ya más de 50 años, es internacionalmente conocido por sus masivas violaciones de derechos humanos y los altos niveles de impunidad para los agresores.

En este contexto, desde InspirAction, celebramos el inicio de los diálogos de paz que el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC iniciaron oficialmente el 18 de octubre. Creemos que sólo a través de negociaciones podremos alcanzar una paz duradera y estable.

Es imprescindible que se haga un análisis sobre las causas más profundas del conflicto, con particular atención a la concentración de la tierra, la desigualdad, las generalizadas y sistemáticas violaciones de derechos humanos así como a la impunidad total de los agresores.

Igualmente es necesario que haya una voz representativa y fuerte de las mayores víctimas del conflicto, especialmente mujeres, pueblos indígenas, comunidades afrocolombianas y comunidades rurales marginadas para que realmente pueda iniciarse un proceso se paz.

Según Danilo Rueda de nuestra contraparte Justicia y Paz en Colombia “el diálogo en sí mismo no construirá la paz, pero abre un escenario de posibles acuerdos políticos y quizá con suerte, también económicos.”

Los diálogos de paz podrían ser una oportunidad para transformar el conflicto pero es poco probable que la violencia cese de forma inmediata. Los grupos paramilitares siguen cometiendo graves atrocidades, controlando empresas y manteniendo una relación muy estrecha con varios miembros de las fuerzas de seguridad y funcionarios locales.

Líderes comunitarios, sindicalistas y defensores de derechos humanos, entre ellos muchos de nuestros socios, son testigos de un creciente nivel de ataques, amenazas y detenciones ilegales.

Los diálogos y el proceso de paz son un paso positivo y en la dirección correcta. A pesar de los muchos desafíos que nos quedan por delante, tenemos algo por seguro: el deseo de la mayoría de los colombianos de vivir en paz.

Foto: Isabel Ortigosa © InspirAction 


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