Solicitamos su permiso para la utilización de cookies en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso. OK | Más información

Bombardeo a una residencia de personas discapacitadas

lunes, 18 de agosto de 2014  Cooperación para el cambio
Tras la ruptura del alto al fuego, una bomba israelí impactó en una residencia para personas con discapacidad, dejando a Saly Saqer, una niña de 20 años con parálisis cerebral, brutalmente herida.

Afortunadamente, fue ingresada en la unidad de cuidados intensivos antes de que fuera demasiado tarde.

Saly, con parálisis cerebral desde el nacimiento, vivía en una residencia para personas con discapacidad en Beit Lahia, al norte de la Franja de Gaza. Su madre Sooma Saqer y sus familiares la visitaban a menudo hasta que estalló la guerra. A raíz de los ataques aéreos de Israel sobre Gaza, los bombardeos hicieron demasiado peligroso el trayecto, por lo que Sooma tuvo que dejar de visitar a su hija. "Decidimos huir a un refugio de la ONU y pedimos llevarnos a Saly con nosotros. Pero el director de la residencia nos dijo que ese era un lugar mucho más seguro. Además, allí Saly podría recibir una atención médica y cuidados sanitarios que probablemente no tendría en los refugios”, comenta Sooma. Poco después, sin embargo, Sooma se quedó impactada al oír en las noticias que la residencia de su hija había sido atacada por las fuerzas israelíes.

Viva pero gravemente herida

El hogar de Saly fue golpeado por un misil mientras todos dormían. El edificio se derrumbó y los vecinos pensaron que todos los que estaban en su interior habían muerto. Sooma trató frenéticamente de descubrir lo que había sucedido y el estado en el que se encontraba su hija. Por suerte, un pariente suyo, un periodista que cubrió el incidente, le confirmó que su hija estaba entre los supervivientes. Sooma recuerda: "Me dijo que mi hija estaba viva, a pesar de que había sufrido lesiones graves, y que estaba siendo trasladada a un hospital en el norte de Gaza". No obstante, debido a la saturación de los hospitales y su limitada capacidad, Saly fue remitida inmediatamente a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de Shifa, en la ciudad de Gaza.

La preocupación de Sooma fue en aumento al llegar al hospital: “Los médicos me dijeron que tenía quemaduras por todo el cuerpo y que tenía una fractura en el cráneo y en la pelvis. Fue una suerte que sobreviviera porque la explosión de la bomba le hizo volar varios metros”. Tras la ruptura de la tregua, los bombardeos se intensificaron, y con ello el número de víctimas y heridos que llegaban al hospital. Desbordados ante la falta de personal y espacio, en el hospital tuvieron que dar de alta prematuramente a Saly. “Su heridas seguían siendo graves, nadie supervisaba su evolución, estábamos solos”, comenta Sooma.

La acción del Servicio de Ayuda Médica Palestina

Desesperada y con su hija en casa, se puso en contacto con el Servicio de Ayuda Médica Palestina, nuestra contraparte en la Franja de Gaza. Cuando el equipo del PMRS examinó las heridas de Saly, descubrieron otras fracturas que en el hospital no había detectado. De este modo, desde el PMRS se hicieron constantes visitas domiciliarias a Saly para revisar su evolución y enseñar a su madre cómo cuidarla y qué tratamientos debía proporcionarla. La ayuda del PMRS fue muy importante para que Saly continuara con vida: “Les estoy muy agradecida”, dice su madre.