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Adan ya no podrá volver a pescar

martes, 20 de septiembre de 2016  Cooperación para el cambio El Salvador Cambio Climático
Con motivo las Reuniones de Alto nivel sobre Migración y Refugio celebradas el 19 y 20 de septiembre en Nueva York queremos poner el foco en los migrantes ambientales, grandes olvidados de las políticas globales sobre migraciones.

Imagino a Adán sentado descansando en la orilla del mar y todavía decidiendo a qué ciudad va a mudarse junto a toda su familia, e incluso si seguirá en El Salvador. Quizá le hayan hablado de la posibilidad de encontrar trabajo en los campos de cultivo de batata del interior y piense que cuanto más cerca de su verdadera casa, mejor. Pero sabe que sea donde sea echará de menos el olor a sal.

Su vida es el mar, aprendió pescar cuando apenas era un niño. Pero debido a las lluvias torrenciales provocadas por el fenómeno de “El Niño” su aldea y su casa quedaron destrozadas por el mar y Adán probablemente tendrá que emigrar a otra zona, quizá del interior, quizá de otro país centroamericano junto a su familia para comenzar una nueva vida. Y tendrá que aprender el oficio de agricultor, algo que no esperaba hacer en toda su vida, porque su vida es el mar…

2016-09-20-Adan-Morales-cambio-climaticoLa situación de Adán no es muy diferente a la de muchos millones de personas que se han visto obligadas a emigrar por causas que tienen que ver con el Cambio climático.

En la década de los 90 el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)  observó que la migración humana podría ser una de las consecuencias más graves del Cambio climático. Millones de personas se tendrán que desplazar a causa de la erosión de la  línea costera, la elevación del nivel del mar, de las inundaciones del litoral y de los estragos en la agricultura, como la salinización del suelo de uso agrícola, la desertificación o la creciente escasez de agua. Estos y otros efectos hacen que muchas personas se vean desplazadas de manera forzada a otros países, con el consiguiente riesgo de pobreza y desigualdad, el incremento de la presión sobre las infraestructuras y servicios urbanos, el debilitamiento del crecimiento económico, el aumento de la posibilidad de conflictos y, entre los mismos migrantes, el empeoramiento de los indicadores sanitarios, educativos y sociales. Además, los países más pobres, que son los que menos gases  de efecto invernadero emiten, serán precisamente los que tengan que asumir una mayor carga de migrantes climáticos.

Se estima que los migrantes climáticos (a veces llamados “refugiados ambientales” o “refugiados medioambientales”) serán entre 200  y 250 millones de personas para el año 2050 según algunas organizaciones, y esto siendo conservadores. Esta cifra equivale a diez veces la cifra actual de refugiados documentados y poblaciones desplazadas internamente.

250 millones de personas no es una cifra que podamos obviar fácilmente, por eso debemos combatir la fuerte resistencia que existe hacia la idea de ampliar la definición de personas refugiadas políticas para dar cabida a la de “refugiadas” climáticas. La idea de refugiado ambiental se va consolidando poco a poco en diferentes foros científicos e internacionales, pero aun así, queda mucho camino por recorrer, para que personas como Adán y su familia no se vean excluidos por algo que no eligieron y les privó de su vida tal y como la conocían.

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