La Justicia Climática es la iniciativa para reducir las desigualdades sociales que son generadas o alimentadas por los efectos del Cambio Climático.

Tras la mentira de “solucionar la crisis climáticas” muchas empresas multinacionales están vendiendo a países menos desarrollados tecnologías destructivas, como los agrocombustibles: etanol, biodiesel de palma, biomasa de aceite de plantas y biogás de materia orgánica. Su producción es a partir de monocultivos agroindustriales, donde utilizan abono sintético y pesticidas que son devastadores para el medio ambiente y los seres humanos.

Los gobiernos de los países del Sur ven oportunidades económicas en estas tecnologías por lo que no implementan cambios en los modos de cultivo hacia una agricultura más sostenible, sino que estimulan las plantaciones de monocultivos.

La Justicia Climática analiza y juzga las consecuencias de la explotación desmesurada de las riquezas naturales, la sobreproducción y el hiperconsumo frente a los límites biofísicos del planeta y la lucha por la justicia social.

 Principios de Justicia Climática

El cambio climático provoca sequías, inundaciones y otros desastres que perjudican la producción de alimentos, convirtiéndose en la mayor amenaza en la lucha contra la pobreza, el desarrollo global y el cumplimiento de los derechos humanos.

  • Proteger el sistema climático en beneficio de las generaciones presentes y futuras. Los países industrializados tienen la responsabilidad de bajar sus emisiones de CO2, mientras que los ciudadanos  debemos hacer un uso responsable y sostenible de los recursos naturales.
  •  Cuidar de las comunidades más vulnerables al cambio climático. Conocer las necesidades y la situación de los países en desarrollo para darles una especial atención frente a estas catástrofes.
  • Prever, prevenir y reducir al mínimo las causas del cambio climático y mitigar sus efectos,  son acciones que deben estar en todas las agendas de gobierno de todos los países.
  • Promover el derecho al desarrollo sostenible. Los países pobres aspiran a mejorar las condiciones de vida de su población, promover el desarrollo de la sociedad, lo que significa un consumo creciente de combustibles fósiles y en consecuencia un aumento de las emisiones de CO2. Debemos impulsar una mejora de las condiciones de vida que no atente contra el medio ambiente. En varios países industrializados la utilización de energías renovables como la energía solar y la eólica va creciendo, aunque no es suficiente para reducir las emisiones. Sin embargo las energías alternativas son muy caras para países del Sur por lo que habría que considerar ayudas para la instalación de estas tecnologías.
  • Reconocer que junto a las dimensiones ambiental y económica existe una dimensión política, social y cultural. Necesitamos pasar de ser una sociedad basada en el petróleo y sus derivados, a una sociedad más sostenible en  la que los recursos renovables sean la base de la convivencia.

 ¡Únete a InspirAction para luchar contra el hambre y para exigir a los países ricos una política climática internacional más justa!