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Por ser mujer y negra… pagarás más y recibirás menos

lunes, 14 de marzo de 2016  Blog Brasil Justicia Fiscal
Brasil, un país en el que la desigualdad económica, de género y raza están ligados a problemas estructurales.

Cristiane es una mujer cualquiera de la ciudad de Sao Paulo, Brasil. Vive en una casa cualquiera, con una familia y un trabajo cualquiera. Cristiane, como cualquier otra persona tiene ilusiones y un proyecto de futuro para sus hijos e hijas. Pero para Cristiane ver cumplir sus proyectos, será, por mucho que se esfuerce, más difícil que para cualquier otro hombre o mujer de Brasil.

2016-03-02-Impuestos-Brasil-t200Simplemente porque Cristiane es mujer y es negra.

En Brasil, como en muchos países del mundo – incluido España- el sistema fiscal no está diseñado para repartir riqueza si no que lejos de ello, está directamente relacionado con la perpetuación de la pobreza y el incremento de la desigualdad.

Es un sistema regresivo donde más de la mitad de la recaudación proviene de impuestos indirectos sobre bienes y servicios. Esto provoca que el 10% de las familias más pobres de Brasil tengan que destinar el 32% de su renta disponible al pago de impuestos mientras que el 10% más rico tan solo destina el 21% de su renta (2011). Los ricos cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres.

Pero ¿quiénes son esos pobres? Si atendemos al nivel de ingresos por género y raza, las mujeres negras como Cristiane representan el 68,06% del decil que menos cobra de toda la población. A medida que el nivel de ingresos aumenta, el mayor porcentaje son hombres blancos.

Solo por el hecho de ser mujer y negra Cristiane cobrará menos que cualquier otra persona en Brasil. Y como Brasil tiene un sistema fiscal tan regresivo, no solo cobrará menos si no que proporcionalmente, pagará más impuestos. Y proporcionalmente su capacidad de ver cumplir sus proyectos será más difícil.

El Estado no solo está fallando a Cristiane al cobrarle más impuestos si no que a la hora de ofrecerle unos servicios públicos de calidad como podría y debería tampoco lo hace.

En 2014, Brasil perdió el 10,1% de su PIB por culpa de la evasión fiscal, una cantidad de dinero equivalente al presupuesto nacional destinado a Seguridad social. Ese mismo año, hubo $33 mil millones de flujos ilícitos equivalente al presupuesto en salud. La exención de impuestos fue de $250 millones igual al presupuesto de educación y sanidad juntos.

El cumplimiento y la defensa de los Derechos Humanos de todos y cada uno de los ciudadanos de un país es deber del Estado. Sin embargo, hay Estados que aún no se responsabilizan de su deber y no toman las medidas adecuadas para reducir la desigualdad.

Estos datos han sido recogidos por nuestra contraparte INESC que trabaja en Brasil por una fiscalidad justa. Debemos construir un movimiento ciudadano mundial que fuerce los cambios necesarios para conseguir una fiscalidad justa tanto a nivel nacional como a nivel internacional. Una fiscalidad que permita crear una sociedad en las que millones de Cristianes no se vean perjudicadas por el hecho de ser mujeres y de ser negras. 

La fiscalidad es una herramienta imprescindible para construir una sociedad menos desigual; y juntos y juntas podemos conseguirlo.