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¿Por qué millones de personas abandonan sus hogares en El Salvador?

jueves, 4 de julio de 2019  Noticias InspirAction El Salvador Construyendo Paz

Para la gente de El Salvador, el desplazamiento forzado ha sido una realidad demasiado común. Personas, familias, e incluso comunidades enteras, se han visto obligados a abandonar sus hogares por muchas razones diferentes. La falta de oportunidades laborales sigue siendo la causa más común de desplazamiento, pero la violencia, especialmente la violencia política durante la guerra civil (1980-1992) y la violencia criminal, están desmantelando cada vez más el tejido social y condenando a miles de personas a una vida de estigma y privación.

En 2016, la oficina del Defensor de los Derechos Humanos publicó un informe en el que reconocía el fenómeno del desplazamiento forzado interno (desplazamiento dentro de las fronteras de El Salvador) como resultado directo de las pandillas que tomaron el control de la tierra y la extorsión económica. También hay casos de personas que huyen debido a amenazas de miembros de la Policía Nacional y del ejército. Los números oficiales no están disponibles o actualizados, la fuente más confiable de información es el Informe Global sobre Desplazamiento Interno. En 2018, declaró que El Salvador había ingresado en la lista de los diez países más afectados por desplazamiento interno causado por la violencia criminal, y en 2019, informó de que 246.000 personas se habían visto forzadas a huir de sus hogares.

La violencia de las pandillas es responsable de una gran proporción de esa cifra. Los miembros obligan a las personas a unirse a sus organizaciones y los amenazan con violencia si se niegan, lo que deja a muchos sin otra opción más que huir. Según un artículo de El Faro, las víctimas se enfrentan a homicidios, extorsión, violencia sexual, hostilidad de pandillas, abuso por parte de las autoridades, desdén gubernamental e impunidad para quienes cometen delitos contra ellos. Las batallas entre pandillas por territorios y con las autoridades a menudo acaban con la vida de personas inocentes. Simplemente caminar por las ciudades de El Salvador puede ser extremadamente peligroso. Además, hay casos de disputas entre narcotraficantes y violencia contra defensores de derechos humanos por oponerse a la explotación de bienes naturales o luchar por los derechos de las personas LGBTI, entre otras causas.

Por lo general, las víctimas de la violencia de pandillas viven en áreas altamente pobladas. Cuando un individuo o un grupo se ven obligados a ir en contra de su voluntad, los delincuentes refuerzan su control sobre los territorios y la cohesión social de la comunidad se fragmenta aún más a medida que el miedo se propaga. Con ese miedo sobre ellos, luchan por sobrevivir financieramente y, a menudo, pierden sus propiedades, abandonan sus trabajos o escuelas creando tensiones que separaran familias. Además, la carga emocional y psicológica afecta en gran medida a su salud mental, especialmente de los niños, niñas y jóvenes.

Según la organización de la sociedad civil local Cristosal, las mujeres son las principales víctimas del desplazamiento forzado, ya que tienen que cuidar a los niños y familiares ancianos, mientras que los hombres pueden emigrar solos. Las mujeres a menudo están atrapadas en la situación hasta que toda la familia puede desplazarse. Aún más preocupante es el número de niñas y mujeres jóvenes que tienen que huir debido a amenazas de violencia sexual, especialmente de miembros de pandillas.

Las personas desplazadas no solo tienen que convivir con el dolo de alejarse de sus amigos, familias y comunidades, además, se enfrentan con el estigma del lugar al que llegan. En los lugares de destino, los vecinos pueden desconfiar y temer que la persona desplazada pueda tener alguna conexión con las pandillas, y así sus derechos más fundamentales y su vida siguen sin normalizarse. En algunos casos, las escuelas públicas no aceptan a los niños desplazados internamente por temor a una actividad criminal.

InspirAction trabajamos con organizaciones en El Salvador como la Asociación de Mujeres para la Paz (ORMUSA). En La Paz (un área en el sur de El Salvador), estamos creando grupos de autoayuda para mujeres víctimas de violencia y donde además pueden acceder a unidades de apoyo legal. A nivel nacional, trabajamos también con la Fundación de Estudios para el Cumplimiento Legal (FESPAD) con quien abogamos por una respuesta gubernamental efectiva a la migración interna y externa.

En 2019, después de años de negarlo, el gobierno de El Salvador finalmente reconoció que el desplazamiento interno debido a la violencia criminal es un problema grave. Ahora hay abierto un proceso para que las instituciones gubernamentales apoyen a las víctimas y un "Plan de seguridad de El Salvador" a través del cual se han establecido veinte oficinas locales para la atención de las víctimas. Aunque las oficinas no han sido creadas para las víctimas del desplazamiento, tienen el mandato de la Unidad de Apoyo a las Víctimas del Ministerio de Justicia y Seguridad para ayudarlos. En realidad, su capacidad de asistencia se limita a proporcionar medios de transporte para las familias que necesitan reubicar sus pertenencias.

Son muchos los desafíos que enfrentan las instituciones para responder de manera efectiva al complejo problema del desplazamiento forzado. FESPAD es parte de un grupo de organizaciones de la sociedad civil que promueve la aprobación de una ley especial para las víctimas de desplazamiento forzado por motivos de violencia criminal. De hecho, en 2018 el Tribunal Supremo dictaminó que los legisladores tenían seis meses para aprobar una ley integral sobre el tema. Ese período terminó en febrero de este año y los legisladores no han mostrado signos de cumplimiento.

El desplazamiento externo o la migración a través de las fronteras de El Salvador, se produce principalmente a Guatemala, Estados Unidos y México. El país ha mantenido altas tasas de migración desde la guerra civil. Actualmente, solo en Estados Unidos hay más de 2 millones de salvadoreños, muchos de los cuales viven bajo el temor constante de la deportación. En muchos casos, las personas regresan solo para encontrar más exclusión, sin oportunidades económicas e incluso la muerte a manos de grupos criminales. A pesar del temor a la deportación, el estigma que enfrentan y el abandono de sus hogares y comunidades, las personas siguen huyendo del país debido a la pobreza y la violencia, y últimamente participan en las llamadas "caravanas" que son tratadas con hostilidad en su arriesgado viaje a México y Estados Unidos.

Por Tania Grande