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Obligados a ser parte de la guerra

martes, 25 de febrero de 2014  Blog     Derechos Humanos

Cientos de miles de muchachos son obligados cada año a participar en el conflicto armado en Colombia. Un conflicto que dura ya 54 años y cuenta con más de 220.000 muertos. Si no lo hacen, no podrán ejercer muchos de sus derechos fundamentales. Para muchos, prestar el servicio militar obligatorio es la única salida que tienen, a menos que sus familias puedan darles la cobertura económica que les permita pagar la cartilla militar u objetar sin cartilla con lo que se arriesgan a no tener un trabajo formal, a no ser contratados por ninguna empresa y lo que es peor, a la amenaza continua de ser reclutado durante las llamadas “batidas militares” (controles establecidos por el ejército en calles y lugares concurridos, para comprobar los documentos de jóvenes en edad de reclutamiento). Entre los que aceptan realizar el servicio militar muchos deben desplazarse de sus territorios o abandonar sus estudios y el contexto social y de relaciones en el que viven. En contextos rurales donde el conflicto se vive con intensidad, las familias de los reclutados también se ven forzadas a abandonar sus casas y sus medios de vida al ser señaladas como colaboradoras del ejército. Para algunos el conflicto deja profundas secuelas de por vida, otros acaban siendo víctimas de la guerra y engrosan las listas de fallecidos a manos de uno u otro bando. ACCOC - Objeción de Conciencia en Colombia La asociación colombiana ACOOC (Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia), a la que apoyamos desde InspirAction, lucha por eliminar el servicio militar obligatorio, para lo que brinda a los jóvenes la posibilidad de declararse objetores de conciencia: el derecho a no acatar mandatos que consideran contrarios a su conciencia. Hace unos días, Diego Carreño, uno de sus integrantes, nos visitó en Madrid como parte de la gira que la organización ha llevado a cabo por Europa. Pudimos conversar con él, conocer el contexto de militarización que vive Colombia y su punto de vista y experiencia. Bajo el lema “mi mente no es un objetivo militar” desde ACOOC afirman que este problema influye en el pensamiento y la conciencia de los colombianos. Los jóvenes que hacen el servicio regresan con un cambio de carácter. El ejército los adoctrina y los convierte en personas obedientes sin excepción, dóciles y violentas, con las consecuencias que eso tiene para su día a día, como machismo o violencia de género. Esto, unido a que la mayoría son jóvenes de clases sociales bajas con pocas opciones laborales y académicas, hace que el regreso a la vida civil se complique y no cuenten con posibilidades de desarrollo, por lo que muchos acaban formando parte de bandas criminales, con el incentivo de que han aprendido a utilizar armas. “Se trata de una cuestión de clase” afirma Carreño, ya que de los 100.000 jóvenes anuales que las Fuerzas de Seguridad deben reclutar para cubrir los cupos que les impone el Estado, la mayoría son chicos pobres. Los ricos suelen comprar la cartilla sobornando a los militares. De momento y entre otras cosas, ACOOC ha conseguido que la Corte Constitucional reconozca el derecho a la objeción de conciencia. Sin embargo, este derecho no debe quedarse  en el papel, sino convertirse en un derecho efectivo y real. ACOOC continúa luchando por acabar con el servicio militar obligatorio en Colombia y denunciar los abusos del Ejército en los procesos de reclutamiento. Porque acabar con el servicio militar obligatorio es esencial en el camino para la reconstrucción de paz en Colombia, desde InspirAction apoyamos su trabajo: ¡porque no está en la naturaleza de todos participar en la guerra!

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