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La tormenta perfecta: pobreza y clima en el Cambray


Conocí a Flory una noche de fiesta con amigos en Guatemala. Era el jueves víspera al Viernes de Dolores y miles de universitarios de la San Carlos preparaban en las calles las carrozas del desfile de la mañana siguiente. Llegado un punto de la madrugada decidimos poner fin a seguir bebiendo Indita y escuchar las sátiras que los estudiantes de las distintas facultades lanzaban en forma de monólogo y música contra el Gobierno. A pesar de las altas horas, Flory vino a recogernos en su taxi con una sonrisa. Es algo que le caracteriza. Su vitalidad, sus interminables conversaciones, sus ganas de saber, su risa contagiosa, la confianza que transmite. Ese día iba con su madre en el taxi. Por las noches prefería que alguien la acompañase y poco a poco nos fuimos conociendo. La madre de Flory había vivido muchos años en Sevilla y le encantaba que le hablase de allá. Deseaba volver a probar el gazpacho, la torta de papas. Varias veces me invitaron a su casa. Poseían esa virtud que el ser humano va perdiendo a velocidad de vértigo: compartir y dar todo lo que tienen. Querían que probase nuevas comidas, que conociese sus costumbres, que viese la otra Guatemala. La noche del 2 de octubre, Flory iba acompañada de su hija y su nieto. Ella misma me confesaba que se veía obligada a trabajar por las noches y sin horarios para cubrir gastos. La casualidad quiso que eso fuese lo que les salvase ya que mientras ellos recorrían Ciudad de Guatemala con sus clientes, la montaña se desprendía y sepultaba su aldea, su casa. Su madre y los otros dos hijos de Flory dormían cuando se vieron atrapados. La cifra de fallecidos asciende por el momento a 149 personas y aún hay más de 300 desaparecidos. Foto: "Soy502" Hoy muy poca gente se dará cuenta de que ahora Flory conduce sola su taxi. Porque Flory y su madre, pertenecían a la otra Guatemala. La Guatemala que se aleja de los bulevares, centros comerciales, altos y modernos edificios, los aviones privados y las tiendas coquetas y con seguridad en la puerta. Tan solo a tres calles de distancia, la desigualdad se hace patente en El Cambray II, una aldea de la periferia de la capital de Guatemala. Todos sabían que era un sitio vulnerable a una tragedia, uno de los 238 puntos señalado por la CONRED (Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres de Guatemala) como “zona de alto riesgo”. Un ejemplo de la impotencia del Gobierno, que solo puede exponer que es una zona peligrosa, pero sin los recursos necesario para poder actuar, de prevenir. El Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), una de las contrapartes de InspirAction, indica que Guatemala es el país de América Latina con menor recaudación fiscal: solo un 10% del PIB. A ello se le suma los continuos escándalos, como el reciente de La Línea que ha provocado la dimisión del presidente y la vicepresidenta, de malversación de los fondos públicos que dejan poco margen para reducir la desigualdad o proteger a la población vulnerable. Guatemala no solo es vulnerable a la naturaleza por hallarse en medio de tres placas tectónicas, 36 volcanes y ser propensa a recibir los temporales del Atlántico y el Pacifico, sino también por la pobreza. El actual presidente, Alejandro Maldonado, lo dejó bien claro: “Es la pobreza la que obliga a la población a permanecer en zonas declaradas inhabitables, aún a riesgo de la propia vida.” Su hijo, que también se llama Alejandro, es el secretario de la CONRED. Maldonado reconoce que a pesar de los avisos dados, son incapaces de trasladar a 35.000 personas a un lugar más seguro. En InspirAction creemos que la pobreza muestra muchas caras y que todas ellas se unen en la privación de la dignidad humana. La pobreza niega la oportunidad de llevar a cabo una vida en plenitud. Le roba a la gente el acceso a sus derechos básicos o la posibilidad de brindar un futuro a sus familias. Todavía he sido incapaz de escribir a Flory. La rabia e impotencia por lo sucedido solo me salen a través de estas líneas. Un pequeño homenaje a una madre que soñaba con volver a ver La Giralda. Hoy, mañana y pasado millones de personas en el mundo seguirán estando expuestas a los efectos del clima a causa de la pobreza. Pero la pobreza no es una condición innata al ser humano. Es un problema político y la solución pasa por transformar las estructuras socioeconómicas. Como afirma el secretario de la CONRED, de poco sirve tanta ceremonia solemne en la ONU para fijar los Objetivos de Desarrollo Sostenibles si no hay recursos ni para prevenir los desastres.