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Jordi Pujol y el dolor de los defraudados


El “Molt Honorable Senyor” Jordi Pujol , hombre fuerte de la Generalitat catalana durante 23 años, afirma sentir “mucho dolor” al confesar que su familia ha mantenido, fuera de España y sin declarar, una herencia millonaria durante 34 largos años. No seré yo quien se atreva a cuestionar el dolor ajeno, por supuesto. Pero en días marcados por el sufrimiento desgarrador de quien ve morir a sus hijos y contempla desolado los restos bombardeados de sus casas, hablar de dolor como consecuencia de lucrativas omisiones durante nada menos que ¡34 años!, resulta cuanto menos chocante. La carta de Pujol no aclara si la regularización de sus hijos y mujer se hizo después de recibir un requerimiento de la Agencia Tributaria. No menciona si lo hizo por un ataque de buena conciencia o si confesó porque no tenía más remedio. No incluye más que de pasada una breve referencia a los contribuyentes de buena fe que pagan (pagamos) nuestros impuestos, y que ven como cada día un nuevo escándalo les viene a recordar que en efecto, no todos contribuimos por igual. Su carta no decía nada de la pensión vitalicia que le siguen pagando esos contribuyentes, como reconocimiento a los 23 años en los que además de ocultar una fortuna en el extranjero, insistía en trabajar duramente por y para Cataluña. La cara de tontos que se nos queda a muchos, el desconcierto ante este descaro habitual de grandes fortunas y de rentables grandes compañías a la hora de escatimar el pago de impuestos es ya el pan nuestro de cada día. La Agencia Tributaria parece empeñarse en poner el acento en los ciudadanos de a pie como ejemplo de target principal de la lucha contra el fraude, pero las críticas no se han hecho esperar. Y es que es indudable que la tomadura de pelo hace tiempo que llegó demasiado lejos: en este país, durante mucho tiempo, defraudar no ha tenido consecuencias. Desde organizaciones como InspirAction y desde Coaliciones como No a los Paraísos Fiscales, llevamos mucho tiempo haciendo hincapié en que es hora de acabar con este escándalo. No sólo por los recursos que nos roba, sino también por un ejercicio de justicia con los habitantes más vulnerables del planeta. Las estimaciones de Tax Justice Network, basadas tanto en contabilidad nacional como en activos bancarios privados, sugieren que entre 21 y 32 billones de dólares en activos privados financieros son mantenidos en paraísos fiscales y aproximadamente entre un 25 y un 30% de esos activos proviene de los países en desarrollo. Los países en desarrollo pierden entre 120 y 160 mil millones de dólares al año como consecuencia de la evasión fiscal – una cifra mayor que el presupuesto global de Ayuda Oficial al Desarrollo. Con campañas como Paraíso viajes, por ejemplo, denunciamos cómo la opacidad de los paraísos fiscales facilita delitos como el lavado de dinero, la corrupción y la evasión fiscal. Desde que en 2009 los líderes mundiales prometieron en la cumbre del G-20 que "la era del secreto bancario había terminado" ha llovido mucho, pero desgraciadamente ha cambiado poco. La retórica sigue muy lejos de la realidad. En tiempos de recortes en servicios públicos esenciales, la evasión y la elusión de impuestos siguen siendo una escandalosa realidad con terribles consecuencias en todo el planeta. Desgraciadamente, en el caso de los países más empobrecidos la condena a la pobreza de su población, como resultado de la pérdida de miles de millones de dólares de potenciales ingresos tributarios, de mide en un dolor muy real. Nos preguntamos si se parecerá en algo a ese dolorcillo de mala conciencia que sienten algunos. Imagen de @padylla en @la_opinion

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