Solicitamos su permiso para la utilización de cookies en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso. OK | Más información

Elecciones y seguridad en El Salvador

lunes, 13 de abril de 2015  Blog

El Salvador vive el escándalo del dolor provocado por las personas que matan y por las personas que exigen venganza por las muertes violentas acaecidas. La violencia, incrustada en la historia de este país por décadas, se viene expresando en los últimos 15 años de una forma especialmente cruenta a través de la violencia de pandillas o maras, asociada al crimen organizado, que, cada año, enluta a miles de familias, en su mayoría pobres. El mes de marzo pasado cerró con 481 homicidios (16 homicidios diarios en un país con menos de 6 millones de habitantes). La mayoría de las víctimas (92%) fueron hombres con edades comprendidas entre los 18 y los 30 años. El 79% de los homicidios fue cometido con arma de fuego (en un país donde abundan las armas legales e ilegales). Un alto porcentaje de dichos homicidios sucedió en el área rural (el fenómeno de las pandillas era urbano, pero se ha extendido por el interior del país). Estas cifras hacen del mes de marzo el mes más violento de la última década en El Salvador. Paradójicamente, el día 26 de ese mes, atendiendo a la convocatoria del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia, la población marchó de forma masiva por las calles de la capital y de las cabeceras departamentales exigiendo paz. Y también ese mes, se conmemoró el 35 aniversario del asesinato de Monseñor Romero, pacifista universal y quien en mayo será beatificado por la Iglesia Católica. De enero a marzo de 2015, 1.121 personas han muerto de forma violenta y parece ser que el número de personas desaparecidas también está en alza, aunque no se conocen datos oficiales al respecto. El número de policías asesinados en ese periodo se ha triplicado si se compara con los homicidios de policías en el primer trimestre de 2014. Una auditoría solicitada por el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de EEUU señala que la violencia causada por las pandillas, el narcotráfico y el crimen organizado es la principal causa de migración de jóvenes (y niños) salvadoreños indocumentados no acompañados hacia el norte. Ante este escenario, FESPAD, socio de InspirAction, hace un llamado a la reflexión y a no dejarse arrastrar por la desesperación y el revanchismo o la mano dura, que han demostrado no ser efectivos en el combate a la delincuencia. No hay que perder de vista que los homicidios no son el único indicador de la seguridad en el país (hay más y más frecuentes expresiones de la violencia en El Salvador, como la invisibilizada violencia hacia las mujeres y las niñas), pero sí son muy importantes en términos de la percepción de seguridad y de medición de la gravedad de la situación. El aumento de homicidios en el mes de marzo es doloroso y merece esta reflexión y nuestra solidaridad humana para todas las víctimas y sus familias. No obstante, los factores que están relacionados con los homicidios son muchos y muy complejos, y no pueden ser abordados desde una reacción inmediata violenta (provenga del Estado o de particulares) o mediática porque sería contradictoria con la paz, el Estado de Derecho y el respeto a los derechos humanos. Esos factores derivan de las estructuras sociales, económicas, políticas, culturales, etc.,  imperantes en el país y se traducen en la exclusión social, la marginación, la disponibilidad de armas, el tráfico de drogas, el machismo, la estigmatización de los jóvenes, etc. Pero hay otros factores todavía poco estudiados y comprendidos, como es la relación entre el crimen organizado y las estructuras, líderes e individuos de las pandillas. La corrupción opaca las verdades que podrían salir de las instituciones encargadas de esclarecer los delitos, y la universidad no participa con la sociedad en la generación de conocimiento sobre la violencia y el delito en el país. El abordaje de la violencia y la delincuencia requiere, pues, de un tratamiento integral orientado a generar cambios estructurales, conductuales y culturales. Precisamente en esa línea, recientemente se presentó el “Plan El Salvador Seguro” por el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia, espacio interinstitucional facilitado por Naciones Unidas e integrado por instituciones gubernamentales, empresa privada, iglesias, partidos políticos y organizaciones sociales, entre las que se encuentra FESPAD. Este plan plurianual, con un costo millonario, propone una serie de recomendaciones para reducir las brechas en El Salvador, con el fin de corregir las exclusiones y las inequidades de una sociedad que está gravemente enferma. Además de aportar con propuestas de solución, como organización defensora de derechos humanos, FESPAD denuncia la impunidad imperante en El Salvador. La misma impunidad que ampara a los altos militares retirados señalados por la Comisión de la Verdad en 1993, una vez finalizado el conflicto armado interno, como el General Vides Casanova (recientemente deportado por EEUU) ampara también a los asesinos de nuestros días. FESPAD promueve el diálogo como mecanismo de pacificación y de transformación de conflictos en municipios y comunidades azotadas por la exclusión y la delincuencia, un diálogo que tiende puentes entre los liderazgos comunitarios y las instituciones gubernamentales. Sensibiliza y capacita a policías, fiscales y jueces para la aplicación de las leyes penales en el marco del respeto a los derechos humanos. Propone normas y procedimientos encaminados a hacer más efectiva y respetuosa de los derechos humanos la actuación de las instituciones responsables de la persecución del delito. Y promueve la rehabilitación y la reinserción social de pandilleros a través de oportunidades de generación de ingresos de forma lícita. Organizaciones no gubernamentales como FESPAD, con apoyo de InpirAction y de otras agencias de cooperación, tratan de comprender el fenómeno de las pandillas y de compartir y difundir esa comprensión. Los adolescentes se incorporan a las pandillas (especialmente entre los 9 y los 12 años), en parte, porque las actividades ilícitas y la cohesión del grupo contribuyen a la supervivencia de jóvenes que viven en condiciones de pobreza y exclusión, pero, sobre todo, porque las pandillas siguen siendo la organización juvenil más difundida en las comunidades marginales y excluidas del país. Son organizaciones que ofrecen identidad, poder, actividades para su tiempo libre y “reconocimiento” a nivel nacional e internacional. De otra forma, estos jóvenes jamás verían sus caras en los periódicos y los noticieros, aunque sea por motivos negativos. Como expresa Jeanne Rikers, de FESPAD, hay que crear alternativas positivas para las juventudes de forma masificada, es decir, con una inversión importante de recursos desde el Estado. Las iniciativas de las ONG’s en este terreno, con proyectos de emprendimientos, culturales, deportivos, artísticos, etc.,  son relevantes y demuestran que sí se puede generar cambios en personas y comunidades, pero compiten con un actor muy poderoso, la pandilla, que logra captar con facilidad la atención y el interés de los adolescentes y los jóvenes en las comunidades marginadas. Guadalupe Cortes Vega Programme Officer de El Salvador Christian Aid International/ InspirAction

Noticias relacionadas
Proyectos relacionados