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Aprender de las mujeres, poner la vida en el centro

La historia de Roxana y la de María Francisca es una de tantas historias de mujeres que ejercen estrategias de adaptación al cambio climático desde hace años de manera invisibilizada. En el día Internacional de la Mujer las recordamos.

Tano Roxana como María Francisca son mujeres de las que podemos aprender a cómo relacionarnos con la naturaleza. Roxana, en la Amazonía boliviana, y María Francisca, en Nicaragua, viven de la naturaleza. Los ríos y la selva son el sustento de la comunidad indígena a la que pertenece Roxana. En el caso de María Francisca, su oficio, la apicultura, no supone explotar a las abejas, sino cuidarlas.

Las mujeres son las principales afectadas por el cambio climático, pero también las que más iniciativas ponen en marcha para adaptarse a sus consecuencias. Mujeres como Roxana y María Francisca nos enseñan que hay otra manera de relacionarse con la tierra y en el día Internacional de la Mujer queremos aprender de ellas.


Ellas lo saben: es imposible vivir dando la espalda a la naturaleza


Cuando Roxana Añez era pequeña, en la comunidad indígena de Altamarani, en la Amazonía boliviana, “no se consideraba importante enviar a las niñas a la escuela”. Mientras los niños asistían al colegio, las niñas ayudaban en las tareas domésticas, por ello Roxana apenas sabía leer o escribir. A medida que Roxana fue haciéndose mayor, no paraban de rondarle ideas en la cabeza para mejorar la vida de su comunidad. Sin embargo, cuando quería expresarlas y participar en los procesos de toma de decisiones, nadie la escuchaba. Tanto ella como el resto de las mujeres eran invisibilizadas y también sus ideas.

La Amazonia boliviana es una región altamente vulnerable a los desastres naturales y a los efectos del cambio climático. Sus habitantes se encuentran entre las más pobres del país. Tanto la familia de Roxana como las quince restantes familias que conforman la comunidad indígena de Altamarani, han vivido de los recursos de la Amazonía, la Selva y los ríos han sido su sustento, por ello. Roxana y el resto de mujeres saben que es imposible vivir dándole la espalda a la naturaleza. Son otras tantas de las mujeres que llevan años ejerciendo estrategias de adaptación al cambio climático de manera invisibilizada. Por eso decidieron organizarse, aportar nuevas ideas y perspectivas basadas en su experiencia, con el objetivo claro de poner la vida en el centro, mejorando las condiciones de sus familias a la vez que protegen la selva, la que les da de comer, la que consideran su hogar.


Visibilizar la experiencia de las mujeres


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Rozana Añez dijo basta, decidió convertirse en una representante de la organización de mujeres de su territorio indígena y acabar con la invisibilización de la experiencia femenina. No fue fácil, y aunque las cosas fueron mejorando poco a poco, todavía hay un largo camino por recorrer. Las mujeres continúan peleando para que sus voces y experiencia sean escuchadas pero Roxana no se rinde, ha asistido a cursos de liderazgo y continúa ganando experiencia para que su voz sea cada vez más fuerte. 

Entre los cambios que han llegado a la comunidad gracias al liderazgo femenino, se encuentra la llegada de hornos solares. Esto ha significado un gran cambio en el día a día de las mujeres, en la manera de cocinar, algo que les permiten invertir el tiempo en otras actividades fuera de sus hogares, como los cursos de liderazgo, por ejemplo. El liderazgo de mujeres como Roxana ha incentivado este cambio, haciendo ver a la comunidad los efectos positivos en el medioambiente, en la salud de las familias y en el de las mujeres.

Las mujeres se convierten en maestras 


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Tanto para María Francisca como para Roxana, vivimos de la naturaleza y eso supone protegerla. María Francisca afirma que para ella la apicultura no solo consiste en producir miel, se trata de proteger a las abejas. Sentada frente a sus colmenas les habla con dulzura y respeto. Según esta nicaragüense “hay gente que no cuida a estos animalitos pero aquí están protegidas. Hay gente que solo produce miel para venderla pero no se ocupan de protegerlas. Nosotros sí”.

María Francisca no defiende el papel esencial de las abejas polinizadoras para el mantenimiento de nuestra biodiversidad, de nuestra vida, pero las palabras de amor que les dedica y el empeño de María Francisca hace que su conocimiento vaya más allá de estas palabras.

En el Día Internacional de la Mujer, situemos a la mujer y a la ecología en el corazón del discurso. Son ellas las que fueron destinadas a cuidar las necesidades sociales, a cuidar a los hijos, a cuidar a sus familiares. Las mujeres cuidaron la vida y ése es hoy el mayor desafío al que nos enfrentamos. En palabra de Vandana Shiva: “La expertise de la subsistencia ha sobrevivido en las mujeres. Ese es el rol que las mujeres deben jugar: propagar esa habilidad por compartir y cuidar. El sistema económico actual patriarcal ( … )ha creado la devastación ambiental del planeta, la pobreza. Por lo tanto, cuando tenemos que pasar del descuido al compartir, el cuidado y el amor, las mujeres se convierten en maestras.”

María Francisca, Roxana y tantas otras mujeres rurales demuestran día a día que existen otras maneras de relacionarnos con la tierra y los recursos naturales, porque entienden que somos un todo y no podemos vivir dando la espalda a la naturaleza. Aprendamos de ellas.

Y tú, ¿quieres hacer eco de la importancia del papel de las mujeres en el cuidado del planeta?

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