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Ahora sí: Objetores de Conciencia en Colombia

martes, 17 de marzo de 2015  Blog     Derechos Humanos

“En Colombia hay 500.000 personas en el aparato de seguridad del Estado, más que el personal destinado a educación y sanidad. Es decir en Colombia es más fácil encontrar quién te meta una bala que quién te la saque”. Estas eran las palabras de Diego Carreño, objetor de conciencia y miembro de la Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia de Colombia (ACOOC), durante su visita a Inspiraction en Madrid en marzo del año pasado. Hoy, Diego tiene 31 años y es el primer colombiano que consigue su título universitario sin tener la libreta militar gracias a la Ley 1738 de diciembre de 2014. Hace 5 años que Diego terminó la carrera de filosofía en la Universidad Libre, pero no obtuvo el certificado de la Universidad por no “tener en regla su situación militar”. Diego no tenía la libreta militar porque era objetor de conciencia y desde 2010 no ha podido trabajar oficialmente, ni continuar sus estudios para hacer un master. En Colombia no tener la libreta militar significa no poder graduarte en la universidad, no acceder a puestos de la administración pública, ni a cargos de elección popular, pero tampoco a trabajos en empresas privadas, ya que las empresas que contratan a alguien sin libreta militar pueden ser multadas. En la práctica los únicos que prestan servicio militar obligatorio en Colombia son jóvenes sin recursos, ya que la libreta militar se puede comprar. Jóvenes que apenas tienen opciones laborales o educativas, a menudo son reclutados de manera ilegal. Son las conocidas popularmente como batidas, incursiones de personal del Ejército en  eventos culturales y de ocio para pedir la libreta militar. A los que no la tienen, los incorporan a la fuerza al servicio militar. Además, el reclutamiento de jóvenes en áreas rurales donde el conflicto se vive con intensidad supone con frecuencia que sus familias se ven obligadas a abandonar el territorio, al ser señalados por la guerrilla como colaboradores o espías del ejército. Estas batidas fueron declaradas ilegales por la Corte Constitucional en 2011, por tener características de detención arbitraria, por violar el debido proceso para reclutar y por vulnerar el derecho a la libre circulación y movimiento por el territorio, sin embargo se siguen llevando a cabo. El primer movimiento de objeción de conciencia en Colombia nació en 1989 de la mano de la Iglesia menonita. En la década de los 90 la propuesta se fue secularizando, y se realizaron marchas y movilizaciones, pero hasta 2009 la jurisprudencia del alto tribunal constitucional fue muy conservadora y hacía prevalecer siempre la solidaridad con el Estado, a través del servicio militar, frente al derecho fundamental de abstenerse de la violencia. En 2009, la Corte Constitucional falló a favor de la demanda  de inconstitucionalidad en contra de la ley que regula el servicio militar obligatorio que presentó Grupo de Derecho de Interés Público de la Universidad de los Andes, ACOOC y Civis. La sentencia reconocía la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio como un derecho fundamental y pidió al Congreso que creara una ley en la que se definieran las condiciones en las que puede hacerse efectivo este derecho. Seis años después aún no existe una ley que regule este derecho, y el estado solo ha reconocido a cinco objetores de conciencia, de ellos solo uno por razones no religiosas. En enero de 2015 entro en vigor una sentencia de la Corte Constitucional que daba órdenes concretas al ejército para que respete y cumpla la objeción de conciencia, como un plazo de 15 días para resolver las solicitudes o la prohibición contundente de las batidas populares. Gracias a esta sentencia Diego Carreño  se ha convertido en el primer colombiano sin libreta militar en graduarse de estudios superiores, pero seguirá luchando con sus compañeros de ACOOC por conseguir un proyecto de ley sobre objeción de conciencia que contribuya a crear un país en paz. “Si las negociaciones dan frutos, se parará la guerra, pero hay que entender que construir la paz es un reto que supera el hecho de que cesen los enfrentamientos: si no se da solución a las causas estructurales que provocaron la guerra, como la desigualdad, la pobreza o la concentración de la tierra, y si no se trabaja con los desmovilizados, la paz no será estable”, afirmaba Diego Carreño en 2014. Inspiraction da la enhorabuena a Diego Carreño y le agradecemos el decir no a la guerra en un país como Colombia que lleva más de cinco décadas sumido en un conflicto armado. La sentencia que ha conseguido Diego Carreño da muestras de que cada vez estamos más cerca de ver la paz en Colombia.

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