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Vivir con el pasaporte roto

jueves, 5 de febrero de 2015  Blog     Apatridia

Durante las movilizaciones en contra de la desnacionalización de dominicanos de origen haitiano sucedidas en toda la República Dominicana, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos denunció que agentes policiales o de migración dominicanos rompieron el pasaporte de los manifestantes que lo mostraban como símbolo de su reivindicación. Ésa es, quizá, la imagen que mejor refleja la situación en la que se encuentran decenas de miles de dominicanos: un pasaporte roto, que les impide salir del mismo país que los rechaza, que los invisibiliza y que les ha robado su identidad. La decisión de despojar de nacionalidad a los dominicanos descendientes de haitianos ha hecho que decenas de miles de personas se encuentren, de un día para el otro, sin Estado. Sin cédula de identidad y sin ningún tipo de recurso de apelación ante un Tribunal Constitucional que, paradójicamente, viola la Constitución Dominicana además de los derechos humanos. “Me sentía como si no fuera de ningún lugar”, declaró Ana María Belique, una de las afectadas por la sentencia. “Sentí que negaban a mis padres después de ellos haber dado todas sus fuerzas, su sangre y su sudor en los cañaverales dominicanos”. Y es que nada menos que el 85% de las víctimas de la sentencia son descendientes de los miles de inmigrantes haitianos que durante el siglo XX fueron llevados a trabajar a los bateyes de caña de azúcar al otro lado de la frontera. Primero los sacaron de Haití para que trabajaran en los cañaverales dominicanos, ahora les niegan sus raíces y su arraigo. “Si pudieran meternos en un camión y mandarnos para Haití, ya lo habrían hecho”, concluye Ana María. Por eso el movimiento Reconoci.do habla de “genocidio civil”: porque cuatro generaciones que durante ocho décadas han sido registradas como dominicanas bajo sus leyes y su Constitución, quedan ahora totalmente desamparadas. No existen ante la ley. Desde InspirAction lanzamos en otoño la campaña de Vidas en Pause para denunciar que no pueden comprar ni vender, recibir una herencia ni firmar un contrato de trabajo. Por lo tanto, tampoco pueden tener empleo regular, ni cotizar en un fondo de pensiones, ni pagar un seguro médico. No pueden abrir una cuenta en el banco, casarse, ni inscribir a sus hijos en el Registro Civil. No pueden votar ni ejercer ninguno de sus derechos. No pueden acceder a la universidad y no pueden viajar legalmente. No pueden porque tienen el pasaporte y sus documentos rotos. Esto es la inseguridad jurídica, y no el riesgo de perder sus inversiones que tienen las empresas, del que tanto suelen hablarnos con este término. La inseguridad jurídica de no existir en ningún papel, de no poder salir del país que te repudia, de ser un paria. Una persona a la que le niegan su personalidad -jurídica. Su humanidad y dignidad como sujeto de derechos y libertades.

Foto: © Acento.com.do


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