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Río+20: falta ambición política en el gobierno de España


En su intervención en el Plenario de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, más conocida como Río+20, Mariano Rajoy destacó que “el medio ambiente solo podrá preservarse si incorporamos su valor económico a nuestras decisiones como gobernantes. Lo que no sea viable desde el punto de vista económico no podrá sostenerse y lo que no sea sostenible medioambientalmente no será útil económicamente”. Paradójicamente, lo que el Presidente presenta como un avance, al pretender valorar en términos económicos el medioambiente, es contemplado como un peligroso retroceso por parte de las organizaciones de la sociedad civil, dado que entendemos que supone un grave riesgo de mercantilizar la naturaleza y la vida en todas sus dimensiones. Hay cosas que no tienen precio, y pretender ponérselo nos acerca a un modelo en el que el valor se mide sólo en términos monetarios. Las decisiones que los gobernantes han tomado aquí en Río (o más bien, las que no han tomado), nos ponen un poquito más contra las cuerdas. En un planeta con recursos finitos, la falta de voluntad y de ambición política tiene consecuencias reales en vidas reales. No estamos hablando sólo de grandes declaraciones y de hábiles estrategias para conseguir un acuerdo en el que los intereses particulares de unos y de otros no se vean perjudicados. Cuando pierde el planeta, perdemos todos. Aunque unos más que otros, eso sí… En la reunión mantenida ayer entre la delegación española, con Arias Cañete a la cabeza, y los representantes de la sociedad civil, las organizaciones de Coalición Clima han dejado la palabra a Damiao Paridzané, cacique de los Xavanté, un grupo indígena de la Amazonía brasileña que lleva más de 40 años luchando por recuperar su tierra, que fueron forzados a abandonar con el objetivo de convertirla en una hacienda ganadera. Damiao ha explicado al ministro la carga de dolor y sufrimiento que este exilio forzoso ha supuesto para su pueblo. Muchos de ellos murieron y ya nunca podrán regresar a su tierra ancestral, una tierra que hoy está devastada por la deforestación, que ha acabado con casi el 90% de la selva amazónica. La dignidad de Damiao, ejemplo vivo de un pueblo diezmado por la codicia del modelo desarrollista del hombre blanco, es una lección para los hombres encorbatados que pasean por Riocentro, sede de las negociaciones oficiales de Río+20.

Tal vez las voces de los que como Damiao, dan testimonio de las consecuencias del afán de lucro a toda costa, no sean escuchadas por los poderosos de este mundo. No sabemos si el ministro volverá a dedicarle uno sólo de sus pensamientos, si volverá a interesarse por su caso. Pero ayer, un pedacito de la Amazonía brilló en la sala de la delegación española en Riocentro, y algunos sentimos que no todo está perdido. Por muy decepcionados que estemos con los resultados de estas negociaciones, mientras pueblos como los Xavanté sigan teniendo fuerzas para luchar, nosotros no podemos permitirnos desistir. Mientras quede un Damiao dispuesto a levantar la voz y hablar en defensa de la Tierra, de la vida, de los derechos de los pueblos oprimidos y amenazados, habrá esperanza. ¿Qué pedimos en Río+20? Visita nuestra campaña Rumbo a río