Solicitamos su permiso para la utilización de cookies en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta su uso. OK | Más información

Monopoly: el nuevo juego del hambre

martes, 16 de abril de 2013  Blog     Hambre, Derecho a la Tierra, Derechos Humanos

Todos hemos jugado alguna vez al Monopoly: comprar, vender, especular, desahuciar… Era divertido, incluso gracioso, comprar una calle entera y hacer pagar a tu hermano mucho dinero solo por querer pasar. En la vida real también se ha jugado siempre. Lo hemos llamado “acaparamiento de tierras”, “fiebre de la tierra” o incluso “neocolonialismo”. Pero ya no es tan gracioso. Ya no se paga con billetes de papel, se paga con violencia, hambre, desplazamientos forzosos y destrucción de la naturaleza. Cuando en 2008 se dio la gran crisis alimentaria, muchos países como China, India, Libia o Corea del Sur decidieron entrar en el juego. Pensaron que siendo países emergentes y con poblaciones en aumento, comprar tierra podía ser un buen negocio. Así, ante una nueva crisis alimentaria podrían abastecer a su población o incluso exportar a buenos precios. ¿Pero de donde sacaron esas tierras? Según el Banco Mundial los países en los que más se interesaron por comprar fueron aquellos con políticas muy débiles para proteger a la población más pobre. No hace falta preguntarse por qué. Tres cuartas partes de la población más pobre vive en zonas rurales y su vida, su alimentación y su supervivencia dependen de la poca tierra que cultivan. La mayoría no tienen títulos de propiedad, no tienen papeles que digan que esas tierras son suyas. Lo único que tienen es su cultura y sus tradiciones adquiridas con el paso de los años. Para las grandes multinacionales y para los gobiernos de países ricos ha sido muy fácil convencer a países menos poderosos para que les vendieran esas tierras que “no pertenecían a nadie”. Esos “nadie” se han convertido en poblaciones “sin tierra”. Ser un sin tierra normalmente significa estar desnutrido, no tener casa, no tener forma de conseguir recursos… Simplemente no tener nada más. Para acabar con este robo los gobiernos deben reconocer la titularidad de la tierra de las comunidades campesinas más pobres. Deben devolverles su tierra, su única fuente de sustento. Y deben controlar que las multinacionales u otros gobiernos, desarrollen sus proyectos respetando el medioambiente y los derechos de los trabajadores que contratan. Para acabar con la pobreza, es esencial que desaparezca el acaparamiento de tierras, que los pequeños campesinos sin tierra recuperen lo que es suyo y que se reconozca la titularidad de la tierra de todas las comunidades, principalmente las más vulnerables.