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Cuando hablar puede matar

sábado, 26 de junio de 2010  Blog     Derechos Humanos, Elecciones

Paul Hackett © InspirAction

Colombia tiene un nuevo presidente: el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos asumirá el cargo el próximo 7 de agosto. Con el 69,5% de los votos frente al 27,5% que obtuvo su rival Antanas Mockus, Santos resultó elegido en base a un programa continuista con la actual política de gobierno de Uribe.

Los medios de comunicación, colombianos y extranjeros, se hicieron eco de lo que calificaron como “abrumadora victoria”, “amplio triunfo”, “éxito arrollador”, y términos similares. Es cierto que el número de votos conseguidos por Santos es uno de los más altos en la historia de Colombia, pero no lo es menos que analizar las cifras nos lleva a cuestionar hasta qué punto se puede hablar de apoyo popular masivo. Si nos atenemos a los datos, esta victoria no parece tan “abrumadora”: casi 60 de cada cien electores se abstuvieron o prefirieron votar en blanco, lo que significa que aquellos que optaron por Juan Manuel Santos no llegan a nueve de los casi 30 millones de votantes convocados a las urnas el pasado domingo. Contrastar esta histórica abstención con los titulares de los grandes periódicos debería hacernos reflexionar sobre la manipulación mediática y la falta de análisis que soportamos estoicamente cada día. Pero más allá de las cifras, lo que queda ahora es ver hasta qué punto algo cambiará en Colombia con el nuevo presidente. El hecho de que Santos fuera responsable de la cartera de Defensa durante el escándalo de los “falsos positivos” (2.279 ejecuciones extrajudiciales de civiles, presentados después como guerrilleros caídos en combate), hace dudar a muchos de que se ponga freno a la escalada de amenazas y ataques contra los defensores de los derechos humanos. Sólo en el mes de mayo fueron asesinados siete activistas, cuatro de ellos relacionados con desplazados y recuperación de tierras. Por su parte, la Confederación Sindical Internacional (CSI) destacó recientemente que 48 de los 101 sindicalistas asesinados en 2009 en todo el mundo eran colombianos. En Colombia, parece, hablar puede matar. Colombia tiene un nuevo presidente. Comienza una ¿nueva? etapa. Y es hora de que el gobierno de este país tome medidas efectivas para garantizar la seguridad y la vida de activistas y defensores de derechos humanos. Es hora de que en Colombia alzar la voz deje de significar muerte y amenaza. Apoya nuestras acciones en Colombia mediante una donación, pasa ya a la acción!