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Centroamérica y las maras

martes, 14 de septiembre de 2010  Blog

La semana pasada, las maras Salvatrucha y 18 (MS y M18) paralizaron durante 72 horas el transporte en El Salvador, en protesta por la "Ley de proscripción de maras, pandillas, agrupaciones, asociaciones y organizaciones de naturaleza criminal", que el Parlamento aprobó el pasado 1 de septiembre. La norma penaliza la pertenencia y financiación de esos grupos y eleva hasta diez años las penas de cárcel por ese delito. El paro dejó  pérdidas valoradas en 68 millones de dólares y mostró la fuerza de estos grupos, que por primera dejaron de lado su tradicional rivalidad para hacer causa común de manera coordinada contra el gobierno. Desde el Salvador, el responsable de InspirAction para Centroamérica, Moisés González, nos contaba que “Sin duda alguna el fenómeno de las pandillas no es nuevo en El Salvador,  como tampoco el nivel de violencia conque suelen atacar, así como la diversidad de sus acciones (tráfico de drogas, secuestros, impuestos a transportistas). Tampoco puede negarse el vínculo que tienen con algunos sectores políticos ligados al crimen organizado de la región. Quizá lo nuevo en este momento es la capacidad que han mostrado para provocar la suspensión del servicio de transporte a nivel nacional, de una manera sincronizada y con una actitud provocativa hacia las autoridades, presentándose como actores beligerantes de la vida política del país”. A su vez, esta situación ha sido aprovechada por los grupos de oposición para tratar de debilitar al gobierno de Funes, acusándole de incapacidad a la hora de hacer frente a una situación de inseguridad que en realidad existe desde hace años y que tiene causas muy complejas. La situación de violencia generalizada que se vive en Guatemala, El Salvador y Honduras hace reflexionar sobre el auge de estos grupos pandilleros y su relación con el crimen organizado, el narcotráfico y sectores políticos que tratan de aprovechar el clima de terror en su propio beneficio. ¿Qué está pasando en Centroamérica? Años después de que se firmaran los distintos acuerdos de paz tras años de conflicto armado en la región, los niveles de violencia son más graves que nunca. ¿A quién interesa esta situación? Imagen: Sian Curry (c) InspirAction
La semana pasada, las maras Salvatrucha y 18 (MS y M18) paralizaron durante 72 horas el transporte en El Salvador, en protesta por la "Ley de proscripción de maras, pandillas, agrupaciones, asociaciones y organizaciones de naturaleza criminal", que el Parlamento aprobó el pasado 1 de septiembre. La norma penaliza la pertenencia y financiación de esos grupos y eleva hasta diez años las penas de cárcel por ese delito. El paro dejó pérdidas valoradas en 68 millones de dólares y mostró la fuerza de estos grupos, que por primera dejaron de lado su tradicional rivalidad para hacer causa común de manera coordinada contra el gobierno. Desde el Salvador, el responsable de InspirAction para Centroamérica, Moisés González, nos contaba que “Sin duda alguna el fenómeno de las pandillas no es nuevo en El Salvador, como tampoco el nivel de violencia conque suelen atacar, así como la diversidad de sus acciones (tráfico de drogas, secuestros, impuestos a transportistas). Tampoco puede negarse el vínculo que tienen con algunos sectores políticos ligados al crimen organizado de la región. Quizá lo nuevo en este momento es la capacidad que han mostrado para provocar la suspensión del servicio de transporte a nivel nacional, de una manera sincronizada y con una actitud provocativa hacia las autoridades, presentándose como actores beligerantes de la vida política del país”. A su vez, esta situación ha sido aprovechada por los grupos de oposición para tratar de debilitar al gobierno de Funes, acusándole de incapacidad a la hora de hacer frente a una situación de inseguridad que en realidad existe desde hace años y que tiene causas muy complejas. La situación de violencia generalizada que se vive en Guatemala, El Salvador y Honduras hace reflexionar sobre el auge de estos grupos pandilleros y su relación con el crimen organizado, el narcotráfico y sectores políticos que tratan de aprovechar el clima de terror en su propio beneficio.