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VIH y conflictos armados: la violencia sexual como arma de guerra

jueves, 4 de noviembre de 2010  Blog     Violencia de género, Salud

En Ruanda, el 17 por ciento de las mujeres que sobrevivieron al genocidio y el 67 por ciento de las mujeres que sufrieron violación sexual, viven con VIH/sida. Son datos del último informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). Leerlo hace constatar que la prevalencia del VIH no es neutral ni aséptica. Los conflictos, la violencia, la inestabilidad social y, sobre todo, la pobreza y la falta de poder, son factores que condicionan, y mucho, la rápida propagación del virus de inmunodeficiencia humana, así como otras infecciones de transmisión sexual. La pobreza y la violencia fragmentan a las familias y a las comunidades. En este tipo de contextos, son los más vulnerables, especialmente mujeres y niños, los que están más expuestos a riesgos para su salud y su integridad física y psicológica. La investigación del UNFPA indica que además de riesgo de violencia sexual, las mujeres, los niños y las niñas, pueden llegar a verse obligados a mantener relaciones sexuales a cambio de productos o favores. En países como Colombia o Sudán, donde millones de personas son víctimas de desplazamiento, la falta de acceso a servicios de salud facilita la transmisión del virus, debido a la falta de dotación de preservativos y de precauciones como el análisis de sangre previo a una transfusión. Además, entran  en contacto poblaciones con diferentes niveles de prevalencia de VIH/sida, especialmente en el caso de quienes migran a zonas urbanas huyendo de conflictos en zonas rurales. La presencia de militares y de grupos armados, y la violencia sexual ejercida como arma de guerra, empeoran aún más esta situación. En la mayoría de los casos, las mujeres y niñas que sobreviven a un ataque sexual carecen de acceso a anticonceptivos de emergencia para prevenir el embarazo, así como de la profilaxis para minimizar la transmisión del virus. Por supuesto, también escasean los tratamientos para otras ITS. Y hablar de atención psicológica y psicosocial, así como de mecanismos para recoger pruebas forenses, es en la mayoría de los casos una quimera. El informe de la UNFPA concluye que los conflictos están relacionados con un aumento en la propagación del virus en distintas partes del mundo. No es ninguna sorpresa. Pero sí una vergüenza. Crédito de la imagen: InspirAction (c) Simon Townsley

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