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El futuro que sí queremos


Ha pasado el verano, pero las organizaciones que dimos seguimiento a la Cumbre de la Tierra (Río+20) celebrada en Brasil en junio, no nos hemos olvidado ni de su significado ni del impacto que las decisiones que (no) se tomaron en ella van a tener para nuestro planeta y para todos sus habitantes. Fundación IPADE, UNESCO Etxea y Coalición Clima, de la que InspirAction forma parte, organizaron la semana pasada en Bilbao y Madrid dos seminarios con el objetivo de juntar a los representantes de la sociedad civil para articular una reflexión conjunta sobre el “futuro que queremos”. Más de 20 organizaciones de la sociedad civil y diversos colectivos sociales que apostaron de manera unánime por un cambio de modelo económico que garantice un desarrollo centrado en las personas y no en los mercados. “En un planeta capaz de producir alimentos para toda la población de manera sostenible, es aberrante que 870 millones de personas sigan pasando hambre” señalaba el campesino Jerónimo Aguado, de la Plataforma Rural. El Seminario estuvo acompañado de unas jornadas de trabajo en las que se elaboraron varias propuestas basadas en un cambio profundo de paradigma que nos podrían llevar a ese otro futuro que de verdad queremos, y no al que nos quieren imponer. ¿Conclusiones? Muchas y variadas: es hora de situar los límites ecológicos de nuestro planeta en el centro para construir un verdadero desarrollo sostenible. Es hora de romper con la apatía y recuperar ese entusiasmo contagioso que desde lo pequeño, desde lo local, puede ayudarnos a transformar. Es hora de decir no a un consumismo depredador que no da la felicidad. En definitiva, es hora de creer que sí, se pueden cambiar las cosas. Se puede vivir de otra manera. Son millones las personas en todo el mundo que lo están demostrando, y sus experiencias son más potentes que cualquier discurso. Hay que promover esas sinergias, hay que trabajar en red, bien enredados, para dejarnos contagiar de ese entusiasmo. Hay que construir, hay que exigir, hay que crear. Porque las cosas deben y pueden cambiar. ¡No podemos permitirnos un Río+40!

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