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Desde Addis a París


© InspirAction

¿Qué implica # FFD3 para la cumbre sobre el clima?

Por la Dr Alison Doig Asesora Principal de InspirAction en cambio climático y desarrollo sostenible. Este año es el super año de tres conferencias de Naciones Unidas que están conectadas y se han establecido para ayudar a resolver dos grandes problemas de nuestro tiempo: la pobreza mundial extrema y la amenaza del cambio climático. Durante el mes de julio, los estados miembros de la ONU se han reunido en la tercera Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo para discutir las normas que rigen la financiación del desarrollo y el papel del sector privado. El resultado fue la Agenda de Acción de Addis Abeba, un documento cuya definición de financiamiento para el desarrollo sostenible incluye no sólo ayuda, sino también la tributación interna, la financiación privada, el comercio, la deuda y los mercados financieros, todo lo cual debe ser coherente con los derechos humanos y el desarrollo sostenible. Pero, ¿qué señales ha enviado la conferencia de Addis Abeba a las negociaciones sobre clima que tendrán lugar en diciembre en la COP21 en París? Una de las ideas más importantes en Addis Abeba fue la coherencia de políticas para el desarrollo, y el documento final reconoce el vínculo entre el clima, el medio ambiente y el desarrollo. "Todas nuestras acciones tienen que estar apuntaladas por nuestro firme compromiso de proteger y preservar nuestro planeta y los recursos naturales, nuestra biodiversidad y nuestro clima”, dice el documento. El problema es que no hay compromisos concretos ni plazos para garantizarlo. De hecho, la conferencia de Addis puso sobre la mesa las cuestiones correctas sobre desarrollo sostenible, pero no pudo dar respuestas claras al financiamiento climático. Del mismo modo, el documento final reconoce claramente la urgencia de la mitigación del cambio climático y la adaptación, y expresa el deseo de "desarrollar e implementar la gestión integral del riesgo de desastres".  Sin embargo, no lleva a la comunidad global más allá del acuerdo, ni de los procesos ya existentes. En pocas palabras, el sentido de urgencia no está  en el resultado de Addis Abeba. En julio, la compañía multinacional de seguros británica Aviva presentó un estudio que sugiere que la falta de acción sobre el cambio climático puede acabar con 4.200 mil millones de dólares del valor de los activos gestionados. El coste del cambio climático extremo crearía pérdidas mucho mayores de 13.800 mil millones de dólares en el sector privado y 43.000 mil millones en el sector público. Esto equivale al 30 por ciento de todos los activos gestionados en el mundo. Para las personas que viven en la pobreza, la catástrofe del cambio climático podría suponer un costo mucho mayor en términos de sus activos relativos y los ingresos futuros. En este contexto, es muy importante que se mantengan las promesas a los países más pobres del mundo en términos de ayuda al desarrollo, y que la acción sobre el cambio climático aumente su cuota global de asistencia. El documento final de Addis Abeba envía una señal positiva sobre la entrega de 100 mil millones de dólares por año en financiamiento climático de países desarrollados a países en desarrollo. Además hace hincapié en la necesidad de “metodologías transparentes para informar sobre el financiamiento climático”. Sin embargo, no hay una pista clara sobre fondos adicionales para el clima al acuerdo de ayuda exterior, de vital urgencia. En cuanto a la política fiscal nacional, En Addis Abeba se perdió la oportunidad de mejorar la forma en que las normas fiscales globales se hacen mediante la creación de un órgano intergubernamental que regule la fiscalidad dentro de las Naciones Unidas. Ese órgano habría permitido conocer claramente los vínculos entre fiscalidad y cambio climático, y el tema de gravar de forma efectiva y justa a las empresas multinacionales. La cumbre también fracasó en pedir la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles, declarando solamente que "reafirmamos el compromiso de racionalizar los subsidios a los combustibles fósiles ineficientes que fomentan el consumo derrochador eliminando las distorsiones del mercado." Esto sólo se refiere a los subsidios al consumo, que están generalmente dirigidos a los más pobres, y omite los subsidios a la producción. Este dato es significativo ya que pone más presión sobre los países en desarrollo y la elimina de las naciones ricas productoras de combustibles fósiles. Tampoco asegurar que los subsidios en los países desarrollados se sustituyan por fuentes de energía más verdes. En relación a la financiación privada, el documento final da la bienvenida a la responsabilidad corporativa, pero no va más allá de reconocer y promover la práctica actual, que en la mayoría de los casos es de carácter voluntario. Tampoco da confianza para pensar que los futuros inversores necesitarán pensar sobre el cambio climático o el riesgo social de sus inversiones, o que desarrollarían regulaciones para asegurar esos vínculos. En cambio, el sector privado espera obtener la mayor parte de las subvenciones con el fin de trasladar sus activos a los países en desarrollo a través de nuevos métodos de financiamiento mixto. Después tendrán que hacerse unas reformas estructurales que aseguren que la financiación privada contribuye al desarrollo sostenible y no dañan los derechos humanos. En conclusión, 2015 puede ser el año en el que se reconoce que los problemas de la pobreza y el cambio climático están íntimamente conectados, y el de reconocer la necesidad de crear soluciones profundas e interconectadas. Esto sería un gran paso adelante. Por el momento tenemos el mecanismo de seguimiento creado en la cumbre de Addis Abeba para avanzar en este y otros temas en el año 2016. Ya no podemos meter la cabeza en la arena, no podemos seguir fingiendo que todo se solucionará a tiempo y que todavía tenemos unos cuantos años antes de acometer los cambios urgentes que necesitaríamos para crear un mundo más seguro y próspero. Lo importante ahora es desafiar a los líderes mundiales en París para que establezcan de una vez por todas, el camino para evitar un cambio climático catastrófico y sus devastadores efectos.

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