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El Salvador: ¿Quién paga el precio de la evasión fiscal?

miércoles, 30 de julio de 2014  Cooperación para el cambio El Salvador Africa Justicia Fiscal     Hambre

Susan Barry © InspirAction

Con el 45% de su población viviendo bajo el umbral de la pobreza y una de cada siete personas sufriendo desnutrición, El Salvador se va a quedar lejos de poder cumplir en 2015 los Objetivos del Milenio. A pesar de que más de la mitad de la población vive de la agricultura, la baja productividad aboca a muchas familias a la desnutrición.

Estos bajos niveles de producción son el resultado de la falta de la inversión pública en la agricultura. Pobreza y hambre van en muchas ocasiones de la mano. Olivier de Schutter, Relator Especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación, considera que “el hambre no es sólo el resultado de los problemas demográficos ni el resultado de un desajuste entre la oferta y la demanda. Se debe principalmente a factores políticos que condenan a los pequeños agricultores -las principales víctimas del hambre- a la pobreza.”

Los campesinos son a menudo marginados por los responsables políticos. Carecen de la capacidad de influir en las políticas y programas en su beneficio, sobre todo en el desarrollo de la tecnología agrícola, el crédito rural, el acceso a los mercados para comprar o vender bienes, en la seguridad alimentaria y en las condiciones laborales. Rosa Cruz teme por la salud de su marido y de su hijo, ambos trabajadores en los campos de caña de azúcar: “Mi esposo sufre de insuficiencia renal crónica a causa de los pesticidas”. Su preocupación se agrava ante la posibilidad de que él no pueda trabajar: “No tendríamos ingresos para subsistir”.

Las consecuencias de la injusticia fiscal

Rosa Denis Aguilar vive en Candelaria, en una comunidad donde sus 350 habitantes viven en la pobreza. El acceso a la comida se ve limitado por el desempleo, la falta de tierra para el cultivo y el alza de precios.  “No puedo comprar leche, carne o cereales a mis niños en el mercado, pero tampoco me dejan vender mis productos porque tengo que pagar un dinero que no tengo”.

La evasión de impuestos y un injusto sistema fiscal completa el círculo: “No comprendo por qué los salvadoreños debemos de pagar el IVA, mientras las grandes compañías no pagan lo que les corresponde”, se queja Aguilar. La evasión fiscal supuso para el país en la primera década del siglo XXI una pérdida de 6.000 millones de euros.

Desde InspirAction trabajamos con nuestras contrapartes para exigir al gobierno de El Salvador una reforma fiscal con el objetivo de recaudar el dinero necesario para crear programas de apoyo y desarrollo rural a madres, ancianos y niños. Hambre y pobreza son la misma cara de un problema llamado injusticia fiscal: “Pedimos tierras y semillas para hacer crecer nuestra propia comida, para depender de nosotros mismos”.


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