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El Salvador: Pensé que no podría porque no soy un hombre


"Se que mucha gente dice que este es un trabajo de hombres. Pero yo puedo hacerlo". dice Ernestina. "Yo no quiero que mi hija viva como yo. Quiero que pueda terminar sus estudios y no dependa de algo como coger cangrejos".

Ernestina vive en El salvador y tiene dos hijos que dependen fundamentalmente de ella. Para sobrevivir coge cangrejos en el río y los vende. Pero no es suficiente para ella. Como mucho puede ganar uno o dos dólares.

A través de nuestra contraparte Aprodehni, Ernestina ha creado su propio negocio. Con los talleres que impartimos ha aprendido a llevar las cuentas, a almacenar y vender grano, a saber qué materiales necesita. “Al principio pensé que no podría hacerlo porque yo no soy un hombre. Pero los talleres he aprendido mucho. He aprendido cómo crear mi propio negocio, entender los riesgos y manejarlos”

En El salvador la actitud social hacia las mujeres ha empezado a cambiar. Sin embargo, en el mundo rural, las desigualdades son mucho mayores. Las mujeres no tienen voz y asumen que su lugar está en la casa. Desde que nacen, las niñas viven desempeñando un papel distinto y se convierten en mujeres que cumplen las expectativas que hay sobre ellas.

Conseguir que mujeres como Ernestina rompan esas expectativas es un gran paso para mejorar su vida pero también para contribuir a la creación de una sociedad más igualitaria y justa, imprescindible para acabar también con la pobreza.

Julia también ha acabado con el machismo que la rodeaba, conócela.

¿Quieres saber más sobre la lucha por la igualdad?

Lee nuestro post sobre la violencia política que sufren las mujeres.

Descubre qué es lo que llamamos la feminización de la pobreza.

Conoce a las mujeres que arriesgan su vida por los Derechos Humanos.  

Foto: Susan Barry © InspirAction