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Afganistán: emociones en conflicto


En Afganistán, décadas de conflicto han creado un ciclo en el que las consecuencias desestabilizadoras de la guerra alimentan una violencia continua.

"La población aquí necesita mucho apoyo", explica nuestro responsable en el Afganistán. "Fuera de África, éste es el estado más pobre del mundo. Casi la mitad de la población (un 42%) vive por debajo del umbral de la pobreza."

Primero, la seguridad

Mediante organizaciones locales asociadas, apoyamos proyectos que capacitan a las personas pobres y marginadas para mejorar sus vidas, ya sea mediante el empleo o asegurando sus derechos humanos.

Hemos trabajado de forma abierta y transparente en el país, incluso con los talibanes, desde hace más de 20 años. Nuestro personal siempre ha respetado las reglas locales: "la seguridad es una prioridad, y evitamos cualquier posible riesgo" explica nuestro responsable en el país.

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Líneas borrosas

Sin embargo, con el país aún sacudido por la guerra, existen partes del territorio que simplemente son zonas inaccesibles para nuestro personal y nuestros socios.
"Existen grandes áreas en las cuales la inestabilidad nos impediría trabajar de forma segura. Simplemente, no podemos trabajar en todas las zonas donde hay comunidades necesitadas".

"No es sólo el peligro de verse atrapado en el fuego cruzado", como sigue contandonos nuestro representante en Afganistan. "En el sur de Afganistán, donde la coalición liderada por Estados Unidos está en guerra con los combatientes talibanes, el esfuerzo para ‘ganarse las mentes y los corazones' a menudo se solapa con el trabajo de las agencias de desarrollo".

En un esfuerzo para ganarse a la población local, los soldados de la Coalición a veces ofrecen ayuda humanitaria y colaboran en las tareas de reconstrucción. Sin embargo, esto hace que a la población local le cueste diferenciar entre los roles de los trabajadores humanitarios y los militares.

A pesar de la confusión y el peligro, el trabajo no puede dejarse a medias. "Cuando las comunidades ven a militares que conducen vehículos sin distintivos o actúan como trabajadores humanitarios, se sienten desconcertados".

Esta distinción borrosa tiene repercusiones para la seguridad de los trabajadores humanitarios de todo el país. Las tareas no parecen estar bien definidas y los límites son difusos. A nivel político, InspirAction reclama una revisión de las operaciones militares para que no haya posibilidad de confusión. Mientras ésta perdure, se estará comprometiendo una labor humanitaria vital.

Hacerse oír

A pesar de todo, amplios sectores de la población afgana tienen claro que no quieren que la comunidad internacional les abandone.

Sin las agencias humanitarias, la gente teme que las cosas vuelvan a ser como con los talibanes. Y, dado que las elecciones de este año ofrecen un destello de esperanza para hacer realidad el cambio, la gente empieza a hacerse oír.

"Se están manifestando contra la incapacidad del gobierno para ofrecer estabilidad y servicios básicos" explica nuestro responsable en Afganistan. "Están cansados de la inseguridad."

Coraje y compromiso

Este tipo de cosas proporcionan a nuestro personal local un coraje y una determinación increíbles para seguir adelante, con objeto de que el inestimable esfuerzo que ya se ha realizado dé sus frutos. "Si de repente todos los trabajadores humanitarios decidieran abandonar, ¿qué pasaría con la gente que vive aquí? Significaría desperdiciar todo el trabajo que hemos llevado a cabo". Tras estas palabras, nuestra persona en Afganistán reincide en la importancia de nuestra presencia en el país. "Tenemos un largo historial en Afganistán. Hemos permanecido en el país durante tres cambios de régimen; estamos aquí a largo plazo e intentaremos continuar de todas las formas que podamos."

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Foto:  © InspirAction