La nutrición y los niños en Haití

Dorotie Pierre lo ha perdido todo en el terremoto. Ahora duerme en la calle, cerca de unos vecinos, encima de unas cuantas mantas viejas. Ya antes del terremoto la vida era muy dura, así que se vio en la obligación de traer a su hijo menor, Thierry, todos los días a la clínica de desnutrición Aprosifa, contraparte nuestra en Haití. El padre de su hijo de nueve meses murió durante el seísmo y la vida se volvió todavía más difícil. "Si llegan las lluvias, no sé lo que haré", dijo.
 
Aprosifa tenía tres clínicas que tratan la malnutrición en Carrefour Feuilles –una de las zonas más dañadas por el seísmo- donde se proveía a la población de terapia, primeros auxilios, médicos de familia y las pruebas del VIH. Ahora mismo hay peligro de derrumbes en dos de sus edificios y es demasiado peligroso ocuparlos, por lo que continúan con su trabajo al aire libre al lado del tercer bloque, en el que se están almacenando provisiones.

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El equipo de Aprosifa ha ido recibiendo partidas de antibióticos, aspirinas y materiales de primeros auxilios. También ha tratado pequeñas lesiones y entablillado huesos rotos. Aprosifa ha observado un aumento en los casos de diarrea debido al limitado acceso al agua potable.

Aprosifa sigue alimentando cada día a niños desnutridos y a sus madres. Normalmente ayudaban a muchas más, pero algunas madres han abandonado la ciudad para irse al campo desde el terremoto.
 
Antonine St Quitte Dimanche ha trabajado en Aprosifa durante 12 años y continúa  asegurándose de que los niños reciben leche enriquecida, espinacas, frijoles y arroz todos los días. A los que están gravemente desnutridos se les da una pasta especialmente formulada que contiene vitaminas y minerales esenciales.
 
Antonine teme por el futuro de estas madres: "Hay tantos niños huérfanos y aquéllos cuyos padres sobrevivieron carecen de medios para ganarse la vida."

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En la imagen, Dorotie dando de comer a su hijo Thierry en la clínica de Aprosifa

Foto: Leah Gordon © InspirAction