“Siento que no pertenezco a ningún sitio, no hay nada a los que pueda llamar ‘casa”, así de contundente se muestra Kho Ray. Este joven birmano nació hace 22 años en un campo de refugiados en la frontera tailandesa con Myanmar, lugar que le vio crecer, casarse y hasta tener un hijo. Dos generaciones que no han conocido la libertad.
La frontera entre Tailandia y Myanmar
Durante más de 25 años, miles de refugiados birmanos han cruzado la frontera hacia Tailandia, intentando escapar de la constante violación de los derechos humanos. Despojados de tierra y hogar, continúan buscando seguridad en los numerosos campos de refugiados en las zonas montañosas de Tailandia.
Se estima que actualmente un total de 145.000 personas se alojan en los nueve campos de la frontera. A esta cifra habría que añadir el millón de desplazados dentro de Myanmar y otros dos millones de personas que huyeron a países vecinos y viven como ilegales.
El Consorcio de la Frontera Tailandia-Myanmar (TBBC en sus siglas en inglés) del que InspirAction forma parte, trabaja con los refugiados en los campos desde el inicio del conflicto. La comida y el refugio que TBBC les proporciona, les ayuda a sobrevivir en esta permanente crisis humanitaria.
Recursos y confianza en uno mismo
Pero no todo es comida y casa en esta vida. TBBC lo sabe e incluye en su programa multitud de aspectos cuyo fin es ayudar a que los birmanos puedan tener una vida digna.
A los refugiados no se les permite abandonar el campo para buscar trabajo. Por eso el Consorcio les enseña a desarrollar maneras productivas de obtener ingresos. Por ejemplo, proporcionando formación a los habitantes del campo para que cultiven su propio huerto. Estas frutas y verduras son un excelente suplemento a su dieta, al tiempo que pueden vender el excedente para ganar así algo de dinero extra.
Como miembro del consorcio, InspirAction proporciona apoyo vital a los refugiados de esta crisis al tiempo que reivindica soluciones a largo plazo para el conflicto de Myanmar.




