Historias de Haití

Lanzando un salvavidas a los demás
Antes del terremoto Figaro Alourdes (37) trabajaba como vendedora en un puesto de comida en uno de los barrios más marginales de Puerto Príncipe. Nuestra contraparte Aprosifa la contrató como una de sus distribuidoras y así pudo proporcionar al menos un plato caliente y gratuito al día para cientos de personas que lo habían perdido todo en el terremoto. Ahora distribuye 80 comidas diarias y vende lo poco que le sobra para quedarse con un pequeño beneficio. “Me hace feliz dar de comer a la gente”, afirma Figaro.
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Trabajando dónde nadie más lo hace
Tras el terremoto, casi toda la atención de las agencias se centró en Puerto Príncipe y sus alrededores. Pero miles de personas se mudaron a las zonas rurales en un intento desesperado de obtener ayuda. Paul André (38) es el coordinador de ROPANIP, una red de organizaciones de ganaderos. Nuestra contraparte GRAMIR proporcionó a las familias semillas y fertilizante, justo a tiempo para la época de siembra. Paul cuenta: “Sinceramente, ni el Gobierno ni ninguna otra ONG han trabajado en esta zona. GRAMIR es el único que nos ha ayudado”.
Herramientas que suponen un cambio significativo
Tras el terremoto, Jean Gueb Decamp (28) regresó a su hogar, cerca de la frontera con República Dominicana. Nos cuenta que llegar a fin de mes “era toda una batalla”. Aunque cerca de allí hay un lago, afirma que “a veces pescamos algo, a veces no. Así es como vivimos”. Nuestra contraparte GARR le dio dinero y de este modo Jean pudo pagar sus deudas y comprar gallinas. También recibirá herramientas de GARR con las que podrá seguir trabajando y así poder alimentar a su familia.

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Activismo desde Madrid: Abajo la deuda
Desde nuestras oficinas de Madrid lanzamos una campaña para cancelar la deuda externa en Haití que obtuvo una gran respuesta. Más de 1.600 personas le exigieron a Moratinos que hiciera todo lo posible para que la deuda que soporta la población haitiana fuera abolida.


